PDA: experto cree que no bajará la polución un 59% en 10 años

Las medidas estructurales del PDA son el recambio de estufas y la aislación térmica de casas.

Un documento que peca de muy ambicioso y que en mayor medida sus esfuerzos se centran en la poco funcional prohibición de la leña y fiscalización de los días decretados como críticos, es la definición que hace del Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA) de Chillán-Chillán Viejo el doctor en física y especialista en contaminación, Ernesto Gramsch.

El académico de la Universidad de Santiago de Chile  (Usach) opina que, dada la alta saturación por material particulado fino 2,5 (MP2,5) que se vive todos los años en la intercomuna y otras zonas del sur del país, es posible determinar que el campo de acción que se le ha dado al documento no se ajusta a los objetivos planteados.

A juicio del experto, resulta contraproducente y poco efectivo aplicar medidas restrictivas al consumo de biomasa en lugares con un alto arraigo por el popular combustible y que, igualmente, no tienen la posibilidad de acceder a otras fuentes más limpias.

“El problema principal es la leña y eso es porque la gente necesita calefacción, pero resolverlo no es una tarea fácil (...). No creo que la fiscalización y la prohibición sean la solución porque si el fiscalizador ordena apagar la estufa y se va, la persona va a volver a encenderla, porque es la única alternativa para mucha gente”, insiste, puntualizando que le parece inconveniente prohibir su uso si no hay alternativas disponibles.

No hay fuentes limpias

El PDA intercomunal, que  entró en vigencia el 28 de marzo del 2016, fija dos medidas estructurales en las que descansa su eventual éxito: el recambio de estufas y la aislación térmica de viviendas.

Si bien Ernesto Gramsch destaca estas dos políticas, opina que se debe priorizar de manera especial los proyectos de calefacción comunitaria y la promoción de combustibles limpios como el gas o la electricidad.

“A la larga la calefacción por leña siempre va a emitir, aunque se cambien por estufas más limpias o sistemas más modernos(...). No es posible aplicar medidas irreales; lo que hay que hacer es preocuparse en serio de la aislación térmica y buscar soluciones de calefacción distrital o de otro tipo que sean menos contaminantes. Esas cosas existen, pero hay que hacer las cosas bien”, concluye.

Plazos poco factibles

El Plan de Descontaminación Atmosférica de Chillán-Chillán Viejo plantea que, ejecutándose todas las medidas consideradas en él, en un plazo de 10 años se podría llegar a reducir un 59% la contaminación por humo de leña; es decir, al 2026 se tendría un 41% de la saturación que se vive y respira hoy en día.

Al respecto, el experto manifestó que el horizonte de tiempo propuesto peca de exitista e incluso poco realista, ya que los resultados para una política ambiental de esa magnitud podría extenderse al triple de lo pensado.

“Estos planes como el de Chillán son a largo plazo, se demoran, no son rápidos; es cierto que a la larga van a funcionar, pero hay que ir reinventándolo y mejorándolo para que funcione, pero pensar que se hará en 10 años es muy optimista. Por ejemplo en Santiago la contaminación se redujo aproximadamente un 50% en un lapso de 30 años”, sentenció.

El académico enfatizó que debería promoverse desde ahora, proyectos que oferten calefacción limpia y de fácil acceso.