Movimiento feminista y factor ruralidad asoman como desafíos en Ñuble

El movimiento feminista se ha hecho notar con fuerza en el último tiempo, y llegó para quedarse. Un trabajo que no es reciente, pero que recién ahora está siendo visibilizado, y ha instalado a nivel político y cultural la discusión sobre el tipo de sociedad que hemos construido y que pretendemos construir.

Una demanda transversal, que según la abogada y subdirectora de Equidad de Género e Igualdad de la U. de Concepción, Ximena Gauché, forma parte de una “nueva ola feminista, que tiene raíces comunes a la histórica situación de discriminación y exclusión de las mujeres en un montón de temas, como acceso laboral, participación política, diferencias en torno al rol dentro de la familia y la maternidad, y por supuesto, toda la situación de violencia en sus distintas formas. Hay una raíz común que traspasa, incluso, la demanda a nivel mundial, si pensamos que lo ocurrido en Hollywood, con las denuncias sobre acoso, aceleró sin duda el proceso que se estaba gestando hacía meses. La construcción de nuestras instituciones, como la familia y el Estado, han hecho distinciones por siglos entre hombres y mujeres”, aseveró.

Sin embargo, según la académica, “si bien existe un sustrato común, hay muchas formas de ser mujer en contextos distintos, en los cuales debiéramos estar conscientes, sobre todo el Estado cuando elabora políticas públicas, para reconocer esas particularidades, y claramente, en un país tan centralizado como Chile, las mujeres de zonas rurales o centro urbanos más pequeños como es el caso de Ñuble, no tienen las mismas condiciones de las mujeres de grandes centros urbanos, como Santiago”.

Desde un punto de vista teórico, agregó, “lo que hoy se demanda  es que en aquellos casos en que existen discriminaciones múltiples es indispensable aplicar estrategias intersectoriales o interseccionales desde el punto de vista de las políticas públicas, y no pensar en las demandas ‘de la mujer’, sino en las mujeres, considerando sus distintas realidades. En el caso de Ñuble, creo que sí hay una demanda concreta, que tiene  que articularse con la demanda de descentralización, con el contexto de la nueva región, que tiene que estar en igualdad de condiciones que las otras, etc.”, planteó.

Según la ex gobernadora de Ñuble, Lorena Vera, las demandas de las mujeres parten desde un universo, y en este universo caben las mujeres de Ñuble. No obstante, dijo, las necesidades son distintas.

“Hay que acercarse a las necesidades del territorio para resolver las brechas. Las mujeres en general están en desmedro en cuanto al desarrollo respecto de los hombres; las niñas tienen más dificultades, la pobreza se centra más en las mujeres, si pensamos que muchas son jefas de hogar. Estas diferencia sociales provocan retrasos en el desarrollo de la comunidad, en los sectores más apartados”, arguyó.

Lorena Vera no cree que el machismo se centre más en la ruralidad. “Esto no va arraigado a una clase social o zona geográfica, sino a una forma de desarrollo de una sociedad. La sociedad ha determinado que hay ciertos roles para los hombres y las mujeres, y ha recargado históricamente en las mujeres muchas responsabilidades, y además, las ha dejado desprovistas de cuidar sus derechos, las ha dejado mucho más vulnerables. Para una mujer que sufre algún tipo de vulneración, la educación y la independencia económica dan más herramientas, pero no impiden que estas se manifiesten. En los sectores más vulnerables existen menos herramientas, las personas tienen que salir a buscar ayuda o su red la conforman de otra manera. El machismo existe y está arraigado en todos los sectores, en la ciudad y en el campo”, recalcó.

Javiera González, estudiante de Sociología de la U. de Concepción y militante de Revolución Democrática Chillán, cree que se produce un fenómeno interesante en cuanto a la forma en la que se han levantado los petitorios, en el marco de las recientes protestas feministas.

“Por ejemplo, en las universidades las alumnas están solicitando cosas específicas, relacionadas con machismo en el aula. Las demandas, en general, son súper particulares, y a mi juicio, el movimiento feminista tiene que llegar a una demanda universal, ser menos reaccionario. Tiene que llegar a demandas estructurales que tengan que ver con un petitorio nacional. Obviamente las demandas de las compañeras estudiantes son súper válidas, pero el movimiento feminista tiene que empoderarse de un espíritu más global”, afirmó.

Javiera González es crítica de la Agenda de Equidad propuesta por el Presidente Piñera.

“No ataca nada estructural, no menciona la educación no sexista, una de las demandas nacionales fundamentales del movimiento a nivel estudiantil. Se habla sobre el fortalecimiento de la terapia de reproducción asistida y tratamientos contra la infertilidad, pero no habla sobre las mujeres que no quieren ser madres. A mi juicio, hay que atacar esos ejes y hacerlos mucho más grandes y direccionarlos hacia demandas estructurales”, precisó.

Javiera González reconoce que la demanda feminista nace de un nicho altamente rico en términos intelectuales. “La demanda feminista no nace desde la población de las mujeres vulneradas, sino de universitarias que tienen la herramienta de la educación de su lado, y desde ahí trabajan. Es importante que el movimiento feminista pueda volcarse hacia todas las mujeres, algo que tiene que hacerse y en lo que tiene que trabajarse. Abordar esto desde la interseccionalidad”, aseveró.

Mujer y ruralidad

Para la gobernadora de Ñuble, Paola Becker, “las demandas de las mujeres no tienen zona geográfica, es una realidad nacional. Por eso se levantó el movimiento feminista, por eso el Gobierno propuso una agenda de equidad, porque reconoce que existen a nivel nacional discriminaciones que aún no hemos asumido como país, y que debemos terminar. También creo que esta no es una batalla de mujeres contra hombres u hombres contra mujeres, es una batalla que tenemos que dar como país, para vencer los paradigmas de la discriminación”, sostuvo la jefa provincial.

La diputada Loreto Carvajal, en tanto, cree que el movimiento feminista tiene dos miradas.

“Compartimos, por el hecho de ser mujeres, demandas transversales, que tienen que ver con la injusticia social e histórica que han vivido las mujeres a nivel local, nacional y mundial. Por ejemplo, cuando hablamos de brecha salarial o violencia de género, son cosas que se dan en todo nivel. Sin embargo, en nuestro territorio, la ruralidad puede configurar un elemento distintivo. La pobreza ataca con mayor fuerza a las mujeres que viven en la ruralidad. Políticas públicas, como los programas que ofrece Indap están diferenciados en cuanto a inversión, por sexo. Se le entregan más recursos a hombres que tienen mayor cantidad de terrenos”, manifestó.

Otro hecho que resalta Loreto Carvajal es la indolencia de la institucionalidad pública hacia las mujeres, particularmente, hacia aquellas que no han accedido a una educación formal, cuando son atendidas, por ejemplo, en los consultorios.

“Eso es algo que he sentido con mayor fuerza acá, en las zonas rurales. Me ha tocado, por ejemplo, acompañar a mujeres en denuncias sobre violencia obstétrica. Es algo que ocurre con mucha más fuerza acá, que en Concepción o en Santiago, donde hay una estructura que empodera más a las mujeres”, aseveró.

Cambio de legislación no ha logrado aumentar el número de mujeres electas

La participación y elección de mujeres en cargos de votación popular es aún muy baja en el país.

Si bien se han introducido reformas a la ley, que han incorporado cuotas e incentivos para que los partidos presenten a más mujeres como candidatas, los números son aún discretos.

Por ejemplo, en los comicios más cercanos a la gente, como son las elecciones de concejales, el porcentaje de mujeres electas como concejalas en la Región de Ñuble el 2016 fue bajísimo: 14,8%. 

Es decir, de los 128 cupos de ediles en las 21 comunas, solo 19 son ocupados por mujeres, siendo RN, la DC y el PS los partidos con mayor participación femenina en los concejos. 

Más preocupante aún es que en ocho comunas del territorio, los concejos estén integrados solo por hombres: Cobquecura, El Carmen, Ñiquén, Pinto, Quirihue, Ránquil, San Fabián y San Nicolás.

Históricamente las nóminas de mujeres candidatas a concejal por Chillán demuestran la supremacía de los hombres.

En 1992 hubo solo dos postulantes a alcalde y concejal (hasta 2000 era una sola elección); dos en 1996; cuatro en 2000, año en que por primera vez fue electa una mujer, la democratacristiana Graciela Suárez; cuatro en 2004 (ya con elecciones de concejales por separado), siendo electas nuevamente Graciela Suárez y la socialista Soledad Tohá; en 2008 postularon siete, convirtiéndose en concejala la RN María Inés Füller; mientras que en 2012 compitieron seis candidatas, y solo fue elegida Nadia Kaik, en ese entonces,