Editorial | 99 años de la UdeC

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Uno de los principales problemas que ha tenido el país para darse una adecuada política universitaria es la frecuente confusión acerca de qué son las universidades en el mundo moderno. Existe generalizada coincidencia sobre la necesidad de poner al día el sistema universitario, asegurando estándares científicos y académicos más acordes con los internacionales, y formar profesionales con perfiles más flexibles y diversificados. Lamentablemente, las estrategias que se proponen suelen partir de un error fundamental: considerar que las universidades son empresas económicas u órganos del Estado. 

Ese desacierto está en la base de dos ideas que suelen difundirse en la opinión pública. Una es que las universidades públicas son empresas ineficientes que administran mal sus recursos. La otra es que en vez de dedicarse a sus tareas específicas, se dedican a hacer política. 

Ambas  ideas, sin embargo, no se compadecen con el hecho de que una universidad como la de Concepción, que hoy conmemora 99 años de existencia, haya sido en 2017 la segunda casa de estudios con más patentes de invención (30), que sea líder en el centro sur del país en la adjudicación de proyectos Fondef, Fondequip, e Innova, ) que sea una de las tres instituciones que más capital humano avanzado aporta al país (27 programas de Doctorado, 59 de Magíster, 32 especialidades en el área de la Salud y 22 Diplomados) o que figure en todos los ranking internacionales como una de las tres más importantes de Chile. Tampoco son congruentes con su alto apego a la democracia interna, reflejado en la reciente elección del doctor Carlos Saavedra como Rector para el período 2018-2022, o con la libertad intelectual y el pensamiento crítico sobre el devenir de la sociedad que son estimulados en sus tres campus. 

Con esos criterios funcionan las mejores universidades del mundo, que promueven la investigación básica no menos que la aplicada, y que conceden la máxima libertad para investigar sin urgir la obtención de réditos monetarios. Este es el primer sentido que tiene el principio de autonomía universitaria; el segundo, no menos importante, es el que las libera de restricciones políticas o gubernamentales, incluso cuando son públicas o estatales. 

Las universidades no son empresas económicas y si bien alimentan con ciencia y tecnología la producción de bienes y servicios, está demostrado que dan sus mejores frutos cuando las anima la búsqueda de la verdad y no la del lucro. Tampoco son organismos de gobierno en tanto no están hechas para legislar, ni para impartir justicia. Sí lo son en la medida en que la ciencia, la tecnología y los saberes que enseñan predominan en la sociedad, gobernando su funcionamiento. 

Por eso, no nos cansaremos de repetir que el futuro de Chile y en particular de la Región de Ñuble está indisolublemente ligado al desarrollo de la educación superior. Y por eso también celebramos que, ad portas de cumplir un siglo de existencia, la Universidad de Concepción reafirme su compromiso en esa dirección, jerarquizando no solo la enseñanza y la investigación, sino también la conexión con las necesidades propias de la comunidad y sus potencialidades de desarrollo económico y social.