Tasa de negación a la donación de órganos es del 50% en Ñuble

Ocho años de una estricta rutina de diálisis de tres veces por semana, con sesiones de hasta cuatro horas de duración, tuvo que cumplir Norma Contreras Velásquez en el Hospital Clínico Herminda Martín (HCHM), debido a la insuficiencia renal que le detectaron hace casi una década. El mal prácticamente invalidó a la chillaneja, quien evitaba salir de su hogar debido a las hinchazones en el cuerpo que sufría por la enfermedad, situación que la obligó a refugiarse en su morada y optó por orientar sus esfuerzos en ejecutar todas las prescripciones que los médicos del establecimiento chillanejo le entregaron con el objetivo de mitigar el día a día de la afección padecida, y al mismo tiempo para prepararla a un futuro trasplante de riñón.

Todas las condiciones médicas, como compatibilidad con el donante y buenas condiciones física y de salud en su calidad de receptora, se dieron para Norma el 25 de noviembre del 2016, fecha en que recibió el órgano que tanto esperaba y que significaría un giro de 180 grados en su vida.

“El trasplante me cambió mucho la vida; la verdad nunca pensé que iba a llegar a esto, pero felizmente salió todo bien. Ahora soy una mujer feliz porque puedo hacer una vida normal sin que tenga mayores preocupaciones; salgo de la casa e incluso a veces trabajo una vez a la semana. Yo tenía fe en Dios de que me iba a recuperar. Ahora estoy bien, mi riñón ha andado en buenas condiciones y lo mejor de todo es que los médicos me encuentran súper bien porque sigo las dietas y recomendaciones que ellos me dicen”, comenta la chillaneja de 60 años.

Esperanza

La hondureña Johana Linares es una de las 350 personas que en Ñuble necesitan un riñón. Actualmente la originaria de la ciudad de Yoro, ubicada al norte de la capital Tegucigalpa, está dentro del grupo de 250 pacientes que se encuentran en proceso de evaluación permanente y constante, antes de ser parte del centenar de personas de la lista de espera con opciones de recibir un órgano.

“He tenido una enfermedad muy complicada debido a que mis vasos sanguíneos son demasiados finos, entonces ninguna de mis fístulas o catéter que tengo en mi cuerpo me funcionan; siempre se me dañan y he tenido como 10 operaciones y esta semana me harán otra. La única solución que me han dado los médicos es el trasplante, ya que no tengo más accesos para que me coloquen otro catéter porque mis venas están muy dañadas”, comenta.

La centroamericana de 31 años admite que su vida ha sido estresante los últimos cinco años debido a su mal diagnóstico, tiempo en el que ha sufrido crisis de depresión pensando en que su mejoría depende de conseguir un órgano. No obstante, confía en que podrá realizarse la delicada intervención quirúrgica.

Sensibilidad

Un promedio de siete procuraciones multiorgánicas al año, se vienen practicado en el HCHM desde el 2014.  El trabajo experimentado de la Unidad de Procuración y Donación de Órganos y Tejidos del centro médico, fue destacado por el Ministerio de Salud el año pasado, cartera que recalcó que el equipo chillanejo hizo posible que la tasa de donación local sea la tercera más alta del país.

“Afortunadamente estamos en un lugar de mucha generosidad, de familias que sienten y se pueden poner en el lugar del otro y nosotros casi siempre tenemos cifras casi el doble de la realidad nacional. Estamos hablando que cuando en Chile estaba en tasas de siete u ocho por millón de habitantes, nosotros andábamos en 14 y hasta 18 por millón de habitantes; por ejemplo el año pasado estuvimos en 16 por millón de habitantes”, explica el doctor Andrés Rubilar Farías, jefe de la unidad.

La enfermera Beatriz San Martín González, integrante del equipo especializado, afirma que las estadísticas del nosocomio ñublensino indican que la tasa de negación a donar es del 50%; no obstante, precisa que la cifra no se escapa a la realidad nacional. En lo que va del presente año, comenta la profesional, el Hospital Clínico Herminda Martín no ha practicado procuraciones, situación que contrasta con igual fecha del 2017 cuando ya se tenían dos intervenciones.

La enfermera recalca que la actual situación no se debe a una negativa de parte de los familiares de los pacientes que podrían cumplir los requisitos para una eventual donación, sino que se da por factores externos que se escapan al altruismo o a la labor que realizan.

“Se debe a que no han surgido donantes. Hemos continuado con nuestras pesquisas, pero en general nuestra población ha ido cambiando un poco su hábito y no han habido pacientes con criterio de ser donante”, sostiene.

Gabriela Espinoza Fuenzalida, enfermera de la unidad, aclara que si bien la ley señala que todos somos donantes universales, ante una duda razonable sobre el estado de salud del paciente, siempre el familiar tendrá la última palabra. Ante esto, sugiere que las personas conversen seriamente el tema al interior del hogar para dejar sentado la voluntad en vida de cada uno.

“Es importante la comunicación en familia donde se exprese la voluntad de ser donante o también de no serlo, porque lo importante es que la persona que fallece haya sido quien tome la decisión y no la familia en un momento que es tan complejo para ellos(...)”, indica.