Agenda pro empleo

El enorme interés que han generado los 600 empleos públicos que considera la instalación de la Región de Ñuble, las extensas filas que se han formado para postular a puestos de trabajo en la construcción del casino de Chillán y en varios otros proyectos inmobiliarios, como también la desaceleración que viene mostrando el sector agropecuario, invitan a mirar más detenidamente qué ocurre con éstos y otros rubros de nuestra economía, como un primer paso de una mirada estratégica y de mediano y largo plazo para desarrollar un mercado local con empleos de calidad. 

Las cifras dadas a conocer la semana pasada por el Instituto Nacional de Estadísticas mostraron un quiebre de la tendencia histórica que se observaba en el trimestre enero-marzo, que ha sido siempre el de mayor actividad económica y por ende, de oferta laboral. La tasa de desocupación regional se ubicó en 7,1% 0,3 puntos porcentuales (pp) más que el mismo trimestre del año pasado, mientras que en Chillán se elevó a 9,2%, superior en 1,3 pp que la registrada en igual trimestre del año anterior.  

En tales resultados mucho tiene que ver la desaceleración del sector agropecuario, que es responsables del 17% de todo el empleo que se genera en la región durante el verano, y del 10% durante el invierno. 

Dicha desaceleración del agro se constata en la comparación con igual periodo del año anterior, y tiene que ver con una menor producción y exportaciones de productos, debido, en buena medida, a la caída del precio del dólar, que probablemente no se recuperará durante lo que queda de este año y el próximo. 

Otros indicadores que marcaron alzas y llaman la atención, son la tasa de presión laboral -que incluye a desempleados, personas que están a punto de comenzar a trabajar y a los ocupados que buscan empleo- y el aumento de la fuerza de trabajo, que puede deberse a la incorporación de más mujeres, jóvenes y extranjeros. 

Este complejo escenario local y su persistencia en el tiempo debería motivar un profundo análisis de cuáles deberían ser los caminos que Ñuble debe seguir para transformar su mercado laboral y revertir el desempleo que lleva ya varios años poniendo a esta zona en los ranking negativos de productividad y crecimiento con respecto al resto del país. 

¿Qué hacer ante este deterioro que también tiene su traducción en bajos flujos de inversión, elevadas tasas de desocupación y una alta incidencia de la pobreza? Una agenda pro empleo podría ser la solución, en la medida que se constituya bajo la lógica de la cooperación público-privada. 

Una propuesta que viene planteándose desde hace tiempo, pero que dada las circunstancias cobra mucha mayor relevancia, son los incentivos para atraer nuevas inversiones empresariales a la naciente región. Pero esta vez hay que hacerlo de manera diferente a lo que se ha realizado en otras ocasiones, mejorando aquello que no dio buenos resultados en el pasado. Los errores son oportunidades de mejora y esta materia es un área donde se puede hacer mucho si se plantean correctamente los incentivos.