Malos olores

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

La ciudad huele mal. En las últimas semanas, la intercomuna ha visto multiplicarse los episodios de malos olores, lo que tiene más que inquieta a la población y autoridades comunales, que han representado ante los organismos ambientales y sanitarios la molestia por esta situación.

Estos últimos, sin embargo,  habían desatendido temas tan esenciales como informar a la población sobre el origen y los alcances de estos episodios y tranquilizarla acerca de sus efectos o, en caso contrario, difundir cuáles medidas habría que tomar para precaverse de los probables efectos de tener que respirar en una atmósfera viciada.

Solo ayer se produjo la esperada reacción oficial. Según explican desde la Delegación Ñuble de la Seremi de Salud de la Región del Bío Bío, el probable punto de origen del hedor que ha causado amplia molestia ciudadana estaría en un predio agrícola del sector Larqui Oriente, en la comuna de Chillán Viejo, donde se constató la utilización de “guano como fertilizante agrícola, lo que está originando malos olores y presencia de vectores (moscas) en comunidades adyacentes”. 

El estiércol es el fertilizante orgánico por excelencia debido a su alto contenido en nitrógeno y en materia orgánica. Se ha utilizado desde la antigüedad para aprovechar los residuos del ganado y también, restaurar los niveles de nutrientes de los suelos agrícolas. Como es lógico, sus aplicaciones deben ser adecuadamente reguladas, lo que no habría ocurrido en este caso ni en otro de similares características, registrado la semana pasada en un predio del sector de Tres Esquinas, en Coihueco. 

Cuesta entender que estas prácticas, nada novedosas y sobre las cuales no parecen existir mayores controles, no sean prevenidas de modo tal de evitar estos inconvenientes en el bienestar de las personas, que son diversos y proporcionales a la cercanía con la fuente emisora. En Llollinco, por ejemplo, van desde impregnación en la ropa, dolor de cabeza, irritación de ojos y mareos, hasta vómitos.

Lamentablemente, no existe una normativa específica sobre la generación de malos olores, de modo que resulta generalmente difícil para la autoridad actuar en defensa de la comunidad en situaciones como ésta y otras donde la población sufre olores nauseabundos y nocivos para el medio ambiente y su salud. No debe olvidarse que también existen reclamos de vecinos por un plantel porcino, de la planta de tratamiento de aguas servidas de Essbio, de un relleno sanitario y de un relleno industrial, todos ubicados en Chillán Viejo. 

Es de esperar que los sumarios realizados en los últimos días precisen con total certeza el origen de estos desagradables episodios, como también que la autoridad asuma su rol educador, con insistencia y continuidad, sobre las prácticas agrícolas adecuadas, sin por eso descartar el rigor oportuno. Un aviso esporádico, por persuasivo que fuere, no tendrá el mismo efecto que una campaña integral que apunte a concientizar a los agricultores acerca del adecuado manejo de los fertilizantes y otros insumos que pueden generar externalidades negativas. Las multas a los infractores, finalmente, redondearían el ejemplo de una administración dispuesta a alcanzar el objetivo de un aire limpio.