Planificación urbana: la carreta delante de los bueyes

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.


El editorial de La Discusión de Chillán, del sábado 17 de marzo, pone acertadamente la voz de alarma en torno a la ausencia de planificación urbana en la ciudad, durante a lo menos los últimos treinta años. 

En efecto, el desarrollo de la estructura urbana, y de las vías de conectividad en la ciudad, quedó superada con creces ante la desordenada expansión más allá de las cuatro avenidas y del explosivo aumento del parque automotriz, el que llegó para quedarse. El célebre arquitecto francés Le Corbusier decía en materia de planificación urbana que “ la recta es el camino de los hombres y la curva el camino de los asnos”. 

En Chillán ocurrió casi literalmente este fenómeno. La ciudad que está dentro de las cuatro avenidas fue trazada por un francés, Antonio Losier, en 1835, prácticamente en las mismas condiciones en que se encuentra al día de hoy. Resulta admirable la visión del agrimensor francés, que fue capaz de trazar una ciudad que ha logrado proyectarse de manera eficiente por casi 200 años. Y en este trazado como podemos apreciar, prima la recta como elemento central. Luego la ciudad se expande hacia los bordes, por los caminos rurales, sin ninguna consideración respecto a la proyección del cuadrante original. Ahí está la raíz de los problemas de conectividad y congestión que vive  la ciudad en los tiempos presentes. Dicho en un buen chileno, la carreta se puso por delante de los bueyes. 

A diferencia de lo que hizo Losier, en 1835, en esta ocasión no hubo planificación, sino que el crecimiento urbano se adaptó a los caminos prexistentes. Ahora que se está hablando de grandes obras urbanas parece fundamental, antes de adoptar decisiones definitivas y radicales, tener una visión global de lo que se quiere lograr como proyección de futuro más que resolver problemas de corto plazo. 

La ciudad todavía resiste por algunos años  y hay espacio para elaborar un plan maestro de desarrollo urbano, que regula el crecimiento y densificación de la ciudad por un lado, y resuelva de manera paulatina pero sostenida los problemas de conectividad y movilidad humana que hoy día se perciben como complejos y que si no se resuelven de cara al futuro, pueden transformarse en caóticos. 

Para ello se requiere no solamente un esfuerzo creativo, también, si fuera necesario, cirugía mayor. No podemos seguir eternamente planificando y ejecutado obras que no se enmarquen dentro de un plan global de  crecimiento armónico y eficiente de la ciudad. Hay que darle una vuelta de tuerca a este propósito. Hay ejemplos, como la ciudad de Barcelona, donde a través de un proceso de cirugía mayor, se ha transformado en una de las ciudades más prósperas, más atractivas y más eficientes de Europa. Guardando las proporciones, podemos hacer un plan Chillán 2035, fecha en que se cumplen 200 años en la ubicación actual, para diseñar una ciudad que se proyecte a lo menos por 100 años más. Si Losier lo pudo hacer, porque no podríamos hacerlo nosotros, hoy día con más tecnología, conocimiento y experiencia.