Foco en la clase media

Luego de un primer Gobierno enfocado en la reconstrucción tras el terremoto de 2010, seguido de un segundo mandato de Bachelet que apostó por cambios refundacionales que no fueron bien implementados ni bien recibidos por el grueso de la población, en su segundo mandato el Presidente Sebastián Piñera aspira a interpretar correctamente los anhelos y temores de los sectores medios emergentes, esos que le dieron la espalda a la centro-izquierda y lo llevaron de regreso a La Moneda. 

“Una sociedad que transita de la pobreza a la clase media tiene conciencia de su mejor calidad de vida, un sentimiento meritocrático y grandes aspiraciones de movilidad social, pero al mismo tiempo enfrenta grandes temores”, ha dicho Gonzalo Blumel, ideólogo del actual programa de Gobierno.

Y no se equivoca el ahora ministro de la Secretaría General de la Presidencia. Diversos estudios coinciden en que la inmensa parte de los chilenos vive con incertidumbre de perder el bienestar alcanzado desde la llegada de la democracia en 1990. Y eso lo identificó muy bien la derecha en la elección presidencial y ahora pretende proyectarlo a su gestión, identificando al menos cinco momentos en que estas grandes mayorías de chilenos se sienten desprotegidos: enfermedades graves, desempleo, vejez, el acceso de los hijos a la educación superior y delitos de gravedad. En torno a estos asuntos hará debutar un instrumento para aplicar la política social: la Red Clase Media Protegida, que será coordinada por el ministerio estrella de esta nueva Administración, el de Desarrollo Social.

La apuesta, que también es política, consiste en materializar una agenda efectiva para este sector, lo que le permitiría a su Gobierno salir bien parado en esta oportunidad y proyectar a la coalición por otros 4 años. 

Esta claridad en la hoja de ruta, sin embargo, podría tener un problema de origen: la real composición socioeconómica de nuestro país. Según el Fondo Monetario Internacional, Chile alcanzó un Producto Interno Bruto por persona ajustado por poder de compra de 24 mil dólares, o sea, $14,5 millones al año y si pensamos en un hogar de 4 personas, estaríamos hablando de $32 millones al año, algo así como $2,7 millones al mes. ¿Cuántas familias chilenas registran este nivel de ingreso? Probablemente el 99% de quienes lean esta columna en Chillán –una de las ciudades con los ingresos más bajos de Chile- no pertenece a este grupo. 

Al revisar los datos de la encuesta Casen se puede concluir que solo en el último decil (10% de los hogares más ricos) se observa un ingreso mensual promedio de 26.000 dólares y por tanto, es el único grupo que pasaría a ser representativo de ese Chile que está detrás de las cifras con las cuales nos comparamos con otros países. Un Chile donde el 1% acumula el 30,5% de la riqueza, donde el 50% de los trabajadores obtiene ingresos inferiores a $280 mil y donde una gran mayoría exhibe un altísimo nivel de endeudamiento. 

Una corrección de esta enorme desigualdad tiene diversos caminos, según la ideología a la que adscriba quien asuma la misión. Para la coalición de derecha gobernante, éste es el crecimiento económico y el mercado, junto a un Estado capaz de garantizar acompañamiento a las personas a lo largo de su ciclo vital. 

Está por verse si esta fórmula y su implementación son correctas, no solo para cumplir el propósito político que subyace en ella, sino para efectivamente reducir la desigualdad y avanzar hacia una sociedad donde cada vez más personas tengan las herramientas para desarrollar sus proyectos de vida.