Editorial | Leña, PDA y Gobierno

En 10 días más comenzará el programa Operacional de Gestión de Episodios Críticos del Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA) intercomunal, el cual restringe el uso de leña para la calefacción durante los días decretados por el sistema predictivo como críticos.

La etapa de limitaciones al consumo de la biomasa se extiende por un total de seis meses (entre abril y septiembre) y si bien durante los dos primeros años del documento se aplicó a viviendas, industrias y reparticiones públicas, a partir de éste la medida se endurecerá para los servicios comunales y de Gobierno, que solo se podrán calefaccionar con energía  que no provenga de leña. Ante esta imposición, la mayoría de los establecimientos municipales y estatales ha comprado estufas a pellet o equipos de aire acondicionado, lo que merece destacarse más por el efecto ejemplarizador en la comunidad, que por su impacto en los niveles de calidad del aire, pues los servicios públicos no representan más del 0,5% del consumo anual de leña en la intercomuna, que alcanza a 10 millones de astillas. 

Sin duda, se trata del combustible más barato (entre tres y siete veces menos costoso que otros), el de uso más extendido a nivel local, pero también el responsable del 95% de la contaminación. 

Lamentablemente, los esfuerzos por mejorar el mercado de la leña han sido muy débiles, y pese a que se dictó una normativa para su estandarización y comercialización, en la práctica ocurre todo lo contrario. La unidad de medida es un enigma (peso, metro cúbico, cajón o astillas) y lo mismo ocurre con la humedad máxima, pues si no se cuenta con un xilohigrómetro, es imposible comprar leña que con seguridad esté bajo el 25% de agua. Finalmente, la fiscalización es a todos luces insuficiente -en personal y tecnología- para combatir el alto grado de informalidad que se sigue apreciando en el comercio del popular combustible y es una variable determinante para explicar los extremos episodios de saturación por humo que se registran todos los años, entre mediados de abril y fines de agosto principalmente.

Además, según el Ministerio de Medio Ambiente, de las 4.000 hectáreas de leña que se consumen al año a nivel local, 3.500 no cuentan con un plan de manejo de bosque nativo y de los casi 400 mil metros cúbicos que cada año se consumen, casi el 80% proviene de comunas inmersas en la Reserva de la Biósfera Nevados de Chillán-Laguna del Laja.

Desde el punto de vista económico, el uso de leña representa la alternativa más factible para los habitantes de la capital regional, sin embargo, sus externalidades negativas son tantas y tan graves que sería muy positivo que el Gobierno que acaba de asumir y que promete una completa revisión del PDA local, no repitiera los errores de su antecesor, que apostó -sin éxito- solo a controlar la contaminación, cuando lo que realmente necesitamos es un plan para descontaminar la intercomuna. 

Si lo que realmente se busca es tener una ciudad atmosféricamente limpia, se deben adoptar medidas que rompan el molde tradicional, algunas pueden ser novedosas, otras impopulares y hasta políticamente incorrectas. Pero lo concreto es que el Estado no puede estar ausente y debe correr la frontera para idear soluciones que permitan, a quienes viven en la capital de la nueva región, el acceso a combustibles más limpios.