Extraditan a Holanda al chileno “más peligroso del mundo”

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Agencia Uno

A las 22.00 horas del martes fue extraditado a Holanda el denominado “chileno más peligroso del mundo”, Richard Riquelme Vega, un chillanejo por adopción que deberá enfrentar duros cargos en su contra ante la justicia del país europeo.

La Corte Suprema aceptó la solicitud de  las autoridades holandesas para extraditarlo, debido a su vinculación con el tráfico de drogas, armas, lavado de activos y por ser sospechoso de liderar grupos criminales en Holanda, además de estar investigado por ilícitos en España, Francia y Alemania.

Su vínculo con Chillán se debe a que sus padres son dueños del complejo turístico Reymar, ubicado camino a Pinto. Los Riquelme Vega son exiliados políticos, quienes recibieron asilo en Holanda y se quedaron a vivir allí por más de dos décadas, hasta que en los 90 decidieron regresar a Chile para convertirse en propietarios del recinto, donde en esa década también funcionó la discoteca Cielos. 

En 1997 Richard Riquelme inició su extenso expediente en el extranjero -no presenta acusaciones en Chile-  siendo condenado a 11 años de cárcel en Alemania por transporte de drogas. En esa oportunidad  dijo que todo había sido producto de la mala decisión de acompañar a unos amigos, ya que era el único que hablaba alemán. 

Su habilidad para hablar diferentes idiomas estaría detrás del desarrollo de negocios por todo el continente europeo y en Dubai, además de estar acusado de ser el presunto líder de una “organización criminal que se hace culpable del tráfico de cocaína, la preparación de asesinatos, posesión de armas y blanqueo de dinero”, de acuerdo a lo revelado en la audiencia donde se vio su extradición.

En un reportaje publicado  por LA DISCUSIÓN en enero de este año un familiar cercano lo recuerda como “un niño inteligente y despierto” que llegó a los pocos años de vida a las afueras de Amsterdam y en corto tiempo aprendió el holandés, para ayudar a traducir las noticias de la televisión a su abuela materna, quien los acompañó al exilio. A pesar de vivir en el centro de la ciudad y ellos en la periferia, la visitaban regularmente casi todos los fines de semana. Allí, aparte de su labor como traductor, disfrutaba de leer las revistas de caricaturas y jugar a las bolitas en la cocina de su abuela. 

Según su declaración en la audiencia, Richard tenía solo seis años cuando llegó a Holanda junto a su hermana Angélica y sus padres, quienes regresaron en el año 95 con un capital que les permitió invertir en el negocio de la entretención en Chillán. De sus 44 años, declara no haber pasado más de siete en el país. Solía frecuentar el complejo turístico en verano y practicar natación en las piscinas temperadas del restaurant El Pinar. Las personas que se cruzaron con él lo recuerdan como un muchacho “normal”, que “solía pasar desapercibido”.