Editorial|Desafío de ciudad

La Municipalidad de Chillán tiene la misión ineludible de ejecutar una serie de proyectos viales y que son piezas clave para el desarrollo de una ciudad aquejada por la falta de calles avenida y exceso de vehículos. La mayoría son de gran envergadura, de muy alto costo y se encuentran en etapas primarias de los estudios técnicos, pese a que ya llevan 15 años en el inventario de grandes obras que la ciudad necesita, pero nunca se concretan. 

Y es precisamente este último factor, el desfase temporal, el que instala dudas razonables sobre la vigencia de esta cartera de proyectos, asunto que deberá analizar el nuevo jefe de la Secretaría de Planificación, cuya misión es mejorar la gestión de proyectos y atraer una gruesa inversión pública, aprovechando el ascenso de un Gobierno del cual el alcalde Zarzar es partidario. 

¿Las prioridades urbanas son las mismas de hace 15 años? ¿Sigue siendo la avenida Circunvalación (un anillo tipo Américo Vespucio de unos 50 kilómetros entre Chillán y Chillán Viejo) la “gran solución” a buena parte de los problemas de conectividad de la ciudad? ¿No será mejor invertir los 10 mil millones que podrían llegar a costar las nuevas luces LED en construir nuevas vías para el sector oriente de la ciudad?

Estas preguntas son razonables si se tiene en cuenta que la dinámica de crecimiento de la intercomuna, asociada a la inversión inmobiliaria y al crecimiento del parque automotor, ha ido mucho más rápido que la capacidad de implementar soluciones de conectividad y de gestión del transporte. El desfase entre la planificación vial y las obras que finalmente se ejecutan ha sido una de las falencias de la ciudad en los últimos 30 años y la razón de un desarrollo urbano poco amigable, donde paulatinamente se acrecienta el deterioro de la movilidad. 

Al analizar esta problemática se advierte que las decisiones e implementación de políticas públicas y medidas concretas han sido demasiados vulnerables a factores políticos, al centralismo nacional e intrarregional y a incapacidades técnicas que finalmente han causado la pérdida de su debido cumplimiento en el tiempo y espacio, reduciendo su impacto y eficiencia en la solución de los problemas para los que fueron diseñadas. 

En efecto, una revisión de los últimos 30 años de planificación urbana local nos revela dos cosas: estudios que se fueron desactualizando y la ausencia de una visión estratégica de largo plazo, incapaz de prever que la densificación inmobiliaria podía atropellar en ciertas zonas la trama vial de la ciudad. 

Paralelamente, el crecimiento demográfico y del parque automotor, la “guetización” que se ha producido en el sector oriente y el colapso vial de la zona poniente, además de la escasez y encarecimiento del suelo, están marcando la pauta y dando forma a la ciudad que le espera a las generaciones futuras, lo cual tiene evidentes repercusiones negativas. 

Por eso es tan importante que las autoridades locales pongan su mayor esfuerzo en dotar a Chillán de una visión de largo plazo, pues si no se adoptan estrategias con visión de futuro, es posible que esas generaciones queden condenadas a habitar no en una ciudad armoniosa sino en una urbe donde el común denominador será el deterioro urbano y ambiental. 

Lo advierten los especialistas, lo mismo que sondeos y encuestas de opinión, donde los chillanejos (as), al referirse a los aspectos deficitarios de la ciudad, sitúan en los primeros lugares a los problemas de congestión de tránsito y déficit de infraestructura vial y peatonal. La superación de estos problemas, en definitiva, representan el primer desafío que debe asumirse para comenzar a construir una ciudad que sea sostenible ambientalmente, socialmente integrada y productiva económicamente. Una combinación de virtudes que Chillán debe reunir para responder a su condición de capital de la nueva Región de Ñuble, pero para la que aún falta bastante.