¿Y si fueran blancos?

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.


El video que muestra a un grupo de pasajeros de raza negra, la mayoría haitianos, bajando en la losa del aeropuerto, y no en una manga, ha desatado una cadena de comentarios. Algunos de ellos rayan en el paroxismo. ¿Qué habría ocurrido si hubiesen sido de raza blanca? Probablemente nada, aunque hubiesen sido un grupo de delincuentes de Europa oriental, como son algunas de las bandas que después de la caída del Muro se instalaron en los países europeos occidentales.

El hecho revela la existencia en un segmento de nuestra sociedad, donde habita un sentimiento no solo xenófobo, sino que francamente racista, cuya expresión velada, es un clasismo que no siempre permanece oculto. Racismo, clasismo y discriminación son primos hermanos, y hace rato están instalados en el subconsciente colectivo de parte del cuerpo social. Reconoce otras manifestaciones, como la homofobia y la xenofobia. 

¿Qué nos está sucediendo?, ¿en qué nos estamos transformando?, ¿hasta dónde nos llevará el individualismo exacerbado que se ha instalado en el seno de nuestra sociedad y que nos torna inseguros cuando estamos frente a la diversidad? 

Por cierto que hay excepciones a la regla, ejemplarizadoras por lo demás, como el Colegio Concepción de Chillán, que ha dado un paso significativo en el principio de la inclusión y no discriminación, poniendo en práctica los valores que lo inspiran como son la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Pero una golondrina no hace verano, más aún, cuando los sectores conservadores no cejan en su esfuerzo por imponer un solo punto de vista a la sociedad, aún siendo minoritarios.

El racismo emergente en la sociedad chilena, y que paulatinamente empieza a sacarse la capucha, es disfrazado con una aparente preocupación por el fenómeno de la migración, el que ha estado presente desde sus inicios en la historia de la humanidad. 

Chile parece haber tomado nota de este fenómeno, solo cuando parte de los emigrantes son de raza negra. Es racismo puro y duro, y se expresa de diversas formas. Una de ellas, tal vez la más perversa, es asociar la emigración con la delincuencia. Es una forma burda de disfrazar el racismo y clasismo. No hay estadísticas que avalen la relación de la delincuencia con la migración, por el contrario, especialistas sostienen que esta apreciación está fundada en la ignorancia, pues los emigrantes son personas autoseleccionadas en sus países de origen y llegan a trabajar, salvo las excepciones de rigor. Esto es reconocido por los empleadores locales mayoritariamente. 

Por ello nos volvemos a preguntar ¿qué habría pasado si quienes bajaban por la escalerilla del avión hubiesen sido de raza blanca? Chile, como la mayoría de los países del mundo, ha crecido beneficiándose de las migraciones. La  castellana vasca, la de palestinos y judíos, y la alemana, entre otras, dan forma a lo que algunos pretenden que sea la “raza chilena”, amenazada por los negros haitianos. Es la expresión más trasnochada del racismo criollo, que encierra por otra parte un indisimulado arribismo. 

La respuesta a esta realidad, una vez más, está en la educación, laica, tolerante, fundada en la fraternidad y el humanismo. En la educación pública y de calidad, para que la discriminación deje paso a la integración y a la aceptación de la diversidad en todas sus expresiones, incluida la racial en primerísimo lugar.