Editorial|Despoblamiento rural

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

La progresiva disminución de la población en las zonas rurales de Ñuble, si bien responde a un fenómeno de larga data que se observa a nivel nacional, responde también a factores particulares de la nueva región.

La falta de oportunidades laborales en el campo se ha tornado más crítica en las últimas décadas debido a la destrucción de la fuente laboral de miles de familias. La agricultura tradicional, demasiado ineficiente para competir en los mercados dominados por grandes productores, se quedó atrás en los avances tecnológicos y su baja rentabilidad ha sido clave en el abandono de las tierras, que rápidamente han sido reemplazadas por plantaciones forestales o monocultivos frutales.

De esta forma, las familias campesinas ven emigrar a sus hijos jóvenes hacia las ciudades en busca de trabajo, cuando no son empleados por las empresas grandes para desempeñar labores temporales.

En este proceso, la responsabilidad del Estado ha sido clave, por ejemplo, subsidiando las plantaciones forestales por cuatro décadas, sin haber diseñado un plan de fomento rural que permitiera contrarrestar el impacto en la agricultura de la expansión forestal.

Esto no es un misterio. Por décadas los agricultores, grandes, medianos y chicos, han clamado a los distintos gobiernos por una política agrícola integral, que no solo considere subsidios al riego o los recursos del Indap que en su mayoría solo permiten extender la agonía de este sector.

A diferencia de lo que ha ocurrido en otras regiones agrícolas, en Ñuble todavía hay una forma de vida campesina, una agricultura familiar que se niega a morir y que se revela en una alta atomización de la propiedad; en Ñuble todavía existe la oportunidad de rescatar la cultura rural que en otras latitudes ya se extinguió.
Lamentablemente, frenar el proceso migratorio campo-ciudad, que en la práctica genera más pobreza urbana, no ha sido un tema prioritario para ningún gobierno, pese a los bien intencionados discursos que se pronuncian al calor de una elección. Y es que cada día que pasa, los votantes rurales son menos, y los esfuerzos estatales orientados a mejorar la calidad de vida se concentran en las ciudades.

La pobreza rural, más invisible que la urbana, no solo significa percibir ingresos insuficientes para satisfacer necesidades básicas. La pobreza rural es un concepto mucho más amplio, que se expresa en las limitaciones de acceso a salud, a educación, a empleo, a transporte y también a la conectividad digital y al agua. Y si bien se han dado pasos en ese sentido, se ha incrementado la pavimentación de caminos y se han destinado recursos importantes en la construcción de sistemas de agua potable, el despoblamiento rural ha andado más rápido que la burocracia estatal, muchas veces enredada en diagnósticos y estudios de rentabilidad.

Es por ello que la instalación de la nueva región representa una oportunidad para definir políticas eficientes, a partir del diálogo con las comunidades, que contribuyan a mejorar la calidad de vida en las zonas rurales de Ñuble, a revalorizar la identidad cultural campesina, a fomentar el turismo y la agroindustria, y a potenciar una agricultura familiar sustentable y competitiva.