Una sopa con demasiadas cucharas

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.


Si una ciudad, representada por el alcalde, quiere hacer una ciclovía, el proyecto debe contar con la aprobación del Serviu, Sectra, el Ministerio de Desarrollo Social y de los propios organismos de la municipalidad, como son el Departamento de Aseo y Ornato, el Departamento del Tránsito y el de Iluminación Pública, que a su vez debe contar con la factibilidad de la Empresa Eléctrica. A su vez, el Minvu puede querer diseñar un parque urbano o una plaza, para lo cual lícita los diseños, en ocasiones desde el gobierno regional, sin considerar en algunos casos los  costos de mantención asociados, los  que deben ser asumidos por el municipio. El Ministerio de Obras Públicas, por su parte, puede decidir la restauración de un bien patrimonial o el rediseño o segundo destino de un edificio de una ciudad, más allá de la opinión del municipio. Y si se quiere hacer el trazado de una nueva calle o redireccionar el tránsito en otra,  ocurre lo mismo. 

Sin duda que en Chile la gestión de una ciudad es una sopa con demasiadas cucharas, lo que da cuenta de una gran desconfianza del centralismo y sus estructuras burocráticas respecto a la capacidad de gestión local. Y esto tiene como consecuencia un déficit en la gestión de la ciudad, en la cual el ciudadano de a pie tiende a responsabilizar exclusivamente a la gestión municipal, que no es lo mismo que la gestión de la ciudad. 

En otros países existe la figura del Alcalde Mayor, en áreas metropolitanas como podrían ser en Ñuble la compuesta por Chillán, Chillán Viejo, Coihueco y Pinto, en contraposición a la propuesta que considera a Bulnes y San Carlos y que se limita a reproducir mecánicamente el histórico desarrollo lineal de Chile. 

Esto significa que hay una autoridad competente, cuya misión es articular y coordinar a todos estos actores, incluidos los propios municipios. La gestión local es territorial, no exclusiva de una sola comuna. Los parques, las vías de circulación, los servicios públicos entre otras tantas instalaciones, son -y serán- utilizadas por los habitantes de un territorio determinado y no de una comuna en particular.

El centralismo endémico de nuestro país ha alimentado la desconfianza del poder central hacia la capacidad de gestión de las regiones y comunas y ha inhibido un desarrollo en mayor extensión de competencias de calidad a nivel local, incentivando de manera perversa la emigración de profesionales jóvenes. 

¿Qué hacer para revertir este fenómeno que genera frustración en los actores locales, que ven que sus capacidades son cercenadas por la burocracia centralista? Parece ser que la descentralización, si no va acompañada de un proceso real de traspaso de mayores competencias a los municipios, junto a un proceso efectivo de mejoramiento del capital humano, seguirá siendo una quimera. 

En tanto eso no ocurra, la asociatividad es un camino. La máxima “la unión hace la fuerza” cobra sentido en la Región de Ñuble que comienza a nacer.