Editorial|Los olvidados del mercado

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

La tasa de desempleo en Chile se ha situado en los últimos años en torno al 7%. La tasa de desempleo juvenil, por otra parte, se ha estabilizado en torno al 17%. A nivel de la región de Ñuble, como ocurre en muchas áreas, no existe información estadística. 

La evidencia sugiere, sin embargo, que la tasa de desempleo de los jóvenes en Ñuble sería mayor al de otras regiones, en sintonía con los indicadores  de la cesantía adulta, que nos ubican como la segunda región con más desocupados en Chile. 

Por otra parte, si a nivel país se comparan los resultados actuales en materia de desempleo juvenil con los del pasado, se puede constatar que el problema no es nuevo. 

Mientras tanto, entre quienes no consiguen trabajo cunde el desaliento y no pocos de aquellos que sí cuentan con un empleo -sobre todo en faenas agrícolas- lo ejercen en condiciones de informalidad, sin protección ni perspectivas. 

Sin embargo, basta revisar los indicadores de escolaridad para darse cuenta de que estamos ante una paradoja, pues estos jóvenes forman parte de la generación más educada que hayamos tenido: la mayoría ha terminado los estudios secundarios y un buen porcentaje ha cursado la educación superior en un instituto profesional o universidad, y tienen lógicas expectativas sobre su propio futuro en el mundo del trabajo. 

El empleo de los jóvenes es un desafío político, porque cuando esas expectativas se traducen en desaliento y frustración, se hace más difícil la estabilidad de nuestra sociedad e incluso la representatividad y gobernabilidad democráticas.

Además, existe el problema de la relación con la vida laboral, pues cuando los jóvenes no tienen oportunidades, difícilmente lograrán romper el círculo de la pobreza e internarse en una senda de trabajo decente. 

Por otro lado, es práctica habitual que sean los primeros en perder su empleo en tiempos de “ajustes” y los últimos en volver a trabajar cuando llega la recuperación; sin contar que generalmente son considerados mano de obra barata. 

Para enfrentar este desafío es necesario adoptar medidas específicamente dirigidas a generar más y mejores empleos para los jóvenes. Invertir en formación profesional e incentivar el espíritu de emprender para que puedan verse también como creadores de empleo. 

Con los jóvenes no actúan las fuerzas invisibles del mercado, porque estamos frente a problemas estructurales que solo pueden ser abordados con acciones y políticas muy concretas. 

Por eso es importante que el gobierno que asume en marzo, tanto en el nivel nacional como regional, lo mismo que los municipios, los sindicatos y los empresarios, conjuntamente con otros actores sociales, insistan en buscar la manera de torcer esta realidad, si es que de verdad queremos avanzar hacia el desarrollo. Sin los jóvenes, no vamos a lograrlo.