Editorial|Plaga contemporánea

De acuerdo con una investigación realizada en países europeos durante el curso de más de una década, el sedentarismo es causa de enfermedades que provocan el deceso de 600.000 personas al año, lo que representa el doble de los fallecimientos que origina la obesidad. Ese estudio fue dado a conocer el pasado martes en el prestigioso “American Journal of Clinical Nutrition”. 

El sedentarismo es un hábito caracterizado por la escasa o nula actividad física en la vida cotidiana, lo cual pone al organismo en un estado de vulnerabilidad propicio para ser afectado por diversas enfermedades. 

El riesgo de convertirse en sedentario ha ido creciendo con los avances de la sociedad y especialmente con la tecnificación de los servicios de los que disponen las personas a fin de ahorrar tiempo y esfuerzos físicos, como ocurre con el empleo del automóvil en cortas distancias o el uso del ascensor en lugar de las escaleras, aunque sea por pocos pisos.  Además, la TV, el computador y los videojuegos fomentan la aparición del sedentarismo a muy tempranas edades. 

El último estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) demuestra que nuestro país presenta los números más deficientes en Sudamérica: mientras los hombres practican ejercicio solo dos días a la semana, las mujeres lo hacen en apenas uno.  A nivel local, en tanto, las mujeres lideran la población no activa y los índices de inactividad aumentan en sectores de bajos ingresos. Según la Encuesta Nacional de Salud, 82% de la población de Chillán es sedentaria. 

Las consecuencias de ese “ahorro” de movimiento y esfuerzo se concretan especialmente en un insuficiente “gasto” de las sustancias grasas que se ingieren y que se van almacenando en distintas partes del cuerpo. 

En este cuadro de riesgos para la salud por la ausencia de actividades físicas que demanden esfuerzo, se pueden sumar el aumento de colesterol, que contribuye al depósito de grasa en los conductos venosos y afecta la normal circulación sanguínea, principalmente al corazón, que por esa causa debe esforzarse para cumplir su función; también se daña el sistema muscular, ya que la inactividad lo debilita. Asimismo, sufren los huesos, que se tornan susceptibles a la osteoporosis. En síntesis, el sedentarismo disminuye la capacidad física, con el riesgo de que signifique para el organismo la entrada temprana a un proceso de declinación. 

Hipócrates, el recordado médico griego, vio claramente que lo que no se utiliza del cuerpo se atrofia. De ahí que el mal del sedentarismo, calificado como “plaga contemporánea”, debe ser combatido y, mejor aún, prevenido. 

Es evidente la necesidad de crear conciencia social sobre un problema grave que causa muertes, incapacidad y ingentes gastos en salud. Por ello, es de esperar que el próximo Gobierno refuerce las políticas públicas en esta materia y desde el sistema escolar se impulse el indispensable cambio para volver a hábitos más sanos de vida que alguna vez se practicaron naturalmente y que hoy se están olvidando.