Editorial | Reclamo verde

Actualmente, los temas ambientales ligados al desarrollo local encuentran mayor acogida en propuestas y programas estatales que desde los propios gobiernos locales, donde en general las experiencias de gestión son bastante pobres y herméticas, pese a que algunos municipios cuentan con alguna institucionalidad, como unidades y comisiones de gestión ambiental en los concejos comunales.

Pero desde donde se están generando las experiencias más robustas y pertinentes en materia medioambiental es desde la sociedad civil. Son las personas organizadas el tercer engranaje de la gestión ambiental actual en la mayoría de las ciudades chilenas, Chillán incluida. 

Esta semana, precisamente, hemos visto la vitalidad e influencia que pueden llegar a tener, con dos ejemplos muy concretos de propuestas que representan una visión superadora de lo que es capaz de ofrecer el gobierno local. 

Una corresponde a un grupo de tres organizaciones no gubernamentales (Fundación Educa Verde, Calles y Plazas de Ñuble y Coordinadora Ambiental Ñuble Sustentable) que presentaron al municipio de Chillán un ambicioso plan para mejorar y masificar la arborización sustentable. La iniciativa parte haciéndose cargo de la mala elección de especies, de la subutilización de parques y plazoletas, de las largas extensiones de calles desnudas de árboles y de las cuestionadas talas sin reposición. 

Los profesionales que están detrás de esta propuesta proyectan un trabajo de 20 años para llegar a los 9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, que es el estándar recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero acertadamente advierten que una meta como esa no se podrá alcanzar con la precariedad institucional que exhibe el gobierno local en esta materia, pues hoy apenas es un apéndice de la dirección de Aseo y Ornato.  

Un segundo y positivo aporte para mejorar la pobre oferta de áreas verdes que tiene la ciudad provino de la Conaf y consiste en convertir un área que actualmente es foco permanente de incendios, en un parque que beneficiaría a todo el sector sur oriente de Chillán. El terreno se  ubica entre el río Chillán y la villa Doña Francisca y tiene una extensión aproximada de 1,8 kilómetros y una superficie de 11 hectáreas. 

Mientras tanto, la declarada preocupación de la actual administración municipal por enmendar el rumbo y dotar a la comuna de una mayor superficie de parques, se ha estrellado con errores de gestión que producen todo lo contrario y que tienen como reciente corolario un nuevo fracaso de la licitación del contrato de mantención de áreas verdes para los próximos cuatro años. 

A los habitantes de la capital de Ñuble les gustaría poder disfrutar de parques a pocos minutos de sus casas, pero lamentablemente la falta de visión de sus autoridades en las últimas décadas y la nula responsabilidad social de las empresas inmobiliarias, despojaron a la ciudad de aquellas zonas disponibles para crear áreas verdes que hoy se han convertido en conjuntos habitacionales. 

Estudios y encuestas confirman que este tema está siempre entre las primeras preocupaciones de los chillanejos. Un “reclamo verde”, fuerte y claro, que las autoridades ya no pueden desoír. Es de esperar que lo entiendan de una buena vez.