Editorial | Otro relleno

Desde que comenzaron a operar los primeros rellenos sanitarios a fines de la década del 90, y sobre todo después que en 2011 se conoció la recepción de desechos industriales en Chillán Viejo, hemos sido testigos de la férrea oposición de gran parte de la población de la comuna histórica que considera ostensiblemente peligrosa la operación de estos recintos para su salud y el medio ambiente. 

La razón principal de quienes resisten esta actividad es su potencial impacto contaminante y si bien en algunos casos puede observarse un tono emotivo que supera las fundamentaciones técnicas, la fuerza de los hechos ha revelado que tal preocupación no es infundada. 

Por lo anterior la noticia de la tramitación ambiental de un proyecto para construir un nuevo relleno sanitario, al lado del ya existente, ha generado reacciones de rechazo y despertó viejos temores entre sus habitantes, que ya han juntado más de 1.500 firmas para demostrar su rechazo a la idea de convertirse en una zona de sacrificio ambiental. 

La iniciativa “Centro de manejo ambiental Ñuble sustentable” pertenece a la empresa Inversiones y Servicios Inser S.A. que vuelve a la carga para desarrollar un relleno sanitario donde operó en la década pasada el relleno de Enasa. 

El proyecto considera la disposición final de aproximadamente 7 mil toneladas mensuales de residuos sólidos domiciliarios e industriales asimilables que se generen en la Región del Bío Bío, calculándose una vida útil de aproximadamente 12 años. 

Según el Estudio de Impacto Ambiental, se proyecta una inversión de 4,5 millones de dólares para la construcción del relleno que se emplazará en la localidad de Quilmo, nueve kilómetros al sur del cruce O’Higgins con Baquedano, en un predio de 93,3 hectáreas, de las cuales 6,9 hectáreas constituirán el proyecto propiamente tal. 

Desde una óptica economicista, sin duda, la irrupción de un nuevo actor debería contribuirá a reducir los precios por la disposición final de residuos. El municipio de Chillán, por ejemplo, paga casi 12 mil pesos por tonelada, lo que anualmente significa un desembolso superior a los 640 millones de pesos. Resulta lógico concluir, entonces, que si existieran más centros de acopio, esta y otras municipalidades podrían optar a precios más competitivos. 

Es correcto decir que en el mercado de disposición de la basura domiciliaria de la Región de Ñuble no existe una verdadera competencia. El desafío, por lo tanto, consiste en incorporar mayores niveles de competencia, pero no a cualquier precio. En el caso de este proyecto, su emplazamiento es coherente con el uso de suelo de dicha zona, de acuerdo al Plan Regulador Comunal vigente, que permite allí los rellenos sanitarios. Sin embargo también se debe poner en la balanza la carga ambiental que podría significar sobre ese territorio y sus habitantes. 

Una de las lecciones que ya deberían estar incorporadas al análisis de este tipo de proyectos es que resulta imprescindible considerar todas sus variables. Solo así será posible pensar que una actividad tan resistida como la gestión de residuos sea sostenible ambientalmente, rentable desde el punto de vista económico y aceptada socialmente.