Reforma a isapres

En relación a las isapres hay un diagnóstico bastante compartido. La tendencia  a tarificar según el gasto esperado en salud para cada afiliado, expone a estos últimos -ante cambios en su condición de salud- a quedar cautivos en ellas, a una difícil situación financiera o a la necesidad de migrar a Fonasa. 

En el tiempo y con una ciudadanía más empoderada y dispuesta a luchar por sus derechos, ha ido aumentando progresivamente el número de recursos de protección interpuestos contra las alzas de primas (casi 200 mil juicios en 2017) y a una percepción bastante generalizada de que los seguros de las isapres son de corto plazo, mientras en plazos mayores sus afiliados están desprotegidos. 

Por ello, es clave que se avance en una modificación legal del sistema privado, expectativa alentada por el Presidente electo Sebastián Piñera durante su campaña. De acuerdo a lo propuesto en su programa, entre las principales medidas estaría limitar ganancias de las isapres hasta un porcentaje de lo que han invertido y destinar los excedentes a prevención o a financiar servicios de salud que actualmente no tienen cobertura en los seguros privados, como el caso de las vacunas.

Según información de la Superintendencia de Salud, las utilidades del sistema privado de salud en 2016 llegaron a $ 51.062 millones, mientras que las ganancias operacionales para el mismo período fue de $ 30.020 millones. Entre 2012 y 2016 mostraron una ganancia promedio de $ 48.568 millones, según el ente regulador.

“Vamos a aumentar la competencia entre isapres, eliminando barreras como discriminación por sexo y edad, carencias, preexistencias y creando un plan universal de salud para que las personas puedan comparar y elegir con mejor información”, planteó el Presidente electo en el debate realizado en el Congreso y que fue organizado por la Asociación Nacional de la Prensa. 

Ante tales ideas, los expertos en políticas de salud se han mostrado cautos e insatisfechos, pues creen que sería apenas un analgésico para un enfermo terminal. En otras palabras, creen que la industria está en una crisis profunda, y si al enfermo no se le da un tratamiento apropiado a la gravedad del problema, éste no se resolverá. 

Es claro que el gobierno de Piñera no hará desaparecer las isapres, no solo por una cuestión ideológica, sino porque sería una enorme equivocación. Por el contrario, mantenerlas en operación, pero creando un plan de seguridad social igual en isapres y en Fonasa, ofrecer ese plan de salud al mismo y único precio a todos los beneficiarios de una Isapre -cualquiera sea su sexo, edad y estado de salud-, traspasar la administración de las licencias médicas del Fonasa y las isapres a una entidad especializada, permitir la libre movilidad de beneficiarios entre isapres, simplificar los planes y contratos de salud y crear un proceso regulado para la evaluación de los incrementos de primas propuestos por las isapres, son iniciativas que deberían ser parte de la reforma prometida por el Presidente electo.

La salud del país no necesita prescindir de las isapres, sino alcanzar acuerdos, un camino de entendimiento para una reforma que permita al sistema mixto funcionar bien, es decir, al servicio de los objetivos sanitarios para los cuales se creó.