Nuevas drogas en Chillán

A la hora de hablar sobre conductas de riesgo o de descontrol que adoptan muchos jóvenes, resulta imposible no volver a referirse al consumo de alcohol y drogas. Quienes frecuentan bares, discotecas y otros lugares de diversión nocturna aseguran que jamás se había alcanzado el nivel de consumo que se percibe hoy en Chillán. 

A las ya conocidas marihuana, cocaína y pasta base, cuya venta y consumo comienza a generalizarse, se suman todo el tiempo nuevas y peligrosas sustancias, con distintos efectos que prácticamente anulan la voluntad y el criterio de sus consumidores, quienes son llevados a vivir situaciones de enorme vulnerabilidad. 

El fenómeno es permanente y cada año se ven casos en la urgencia hospitalaria de intoxicados por ansiolíticos, gas butano, bencina e incluso aerosoles con sustancias para limpieza que producen embriaguez de manera instantánea. 

En los últimos días, sin embargo, lo que ha impactado son el volumen y la cuantía de las incautaciones. El lunes la PDI sacó de circulación 38 mil dosis de ácido lisérgico (LSD), avaluadas en 570 millones de pesos aproximadamente, y tres días antes, la misma policía -también en Chillán- descubrió una plantación de 5 mil hongos alucinógenos en una casa del sector oriente de la ciudad. 

Como denominador común puede decirse que estas sustancias provocan, entre otros efectos, insomnio, taquicardia, vasoconstricción y arritmias cardíacas. Su efecto se experimenta de manera casi inmediata y se prolonga durante lapsos breves que llevan a repetir el consumo, los potenciales riesgos y daños a la salud. 

Una de las preocupaciones más alarmantes en torno al auge de consumo de estas sustancias es la facilidad con que se venden a través de Internet. Cada vez más, el mundo de las drogas está al alcance de los jóvenes. Y muchos son los factores de riesgo que los tornan vulnerables, como la falta de educación y de información adecuada sobre los efectos de los estupefacientes. También influyen negativamente la desunión de las familias y la falta de diálogo entre padres e hijos, así como los entornos sociales, la deserción escolar y la falta de trabajo, entre muchos otros. 

Los riesgos a los que se encuentra expuesta la juventud son complejos y para solucionarlos se requiere de una política pública coordinada interinstitucionalmente, para apuntalar todos los aspectos vinculados al campo laboral, de salud y educativo. Porque las consecuencias pueden ser gravísimas: sobredosis, accidentes, lesiones, enfermedades de transmisión sexual y, en los casos más extremos, severas incapacidades y muertes. 

Se requiere, entonces, estar al lado de los jóvenes con palabras e imágenes adecuadas a sus experiencias, haciéndoles comprender todos los riesgos que implica el consumo de estas sustancias. El Estado no puede desfallecer en la creación y la aplicación efectiva de políticas educativas de prevención para las nuevas generaciones y de salud pública para quienes ya están atrapados por alguna adicción. 

No se trata solo de aplicar con rigor los criterios sanitarios, sino también de entender que, sin una prevención más efectiva, está en juego buena parte de nuestro futuro como sociedad.