¿Casa nueva con muebles viejos?

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.


En alguna ocasión participé en la remodelación de un piso de oficinas. Recuerdo que se removieron los viejos tabiques que habían ido transformando el lugar en un verdadero laberinto. El espacio se reconstruyó con tabiques modernos, a media altura, vidrios transparentes en las oficinas, alfombra nueva, etc. Todo muy diáfano, muy moderno. Sin embargo, el estado de ánimo de los que allí trabajaban no mejoró, sino por el contrario empeoró. 

¿Qué había sucedido? Los muebles eran los mismos de siempre, la remodelación había dejado a la vista, además, un sin número de objetos inútiles que vivían escondidos en los entresijos de los viejos tabiques. Solo cuando se cambiaron los muebles se consiguió restaurar el buen ambiente laboral y las expectativas y sueños que se habían forjado ese grupo  de trabajadores. 

Con la instalación de la Región de Ñuble, me temo que está sucediendo algo parecido. A los reclamos del comité Ñuble Región, se suma la polémica por la asimetría en la asignación de los recursos en las distintas provincias. 

La respuesta a estas señales que reflejan un estado de ánimo negativo, ha sido políticamente correcta, pero en el espacio de la burocracia administrativa, que corresponde a la plantilla prediseñada por la Subdere. 

Cuando se construye una casa nueva, no solamente es el momento de cambiar los muebles, sino de soñar, de pensar en el futuro. Quién o quiénes deben liderar estos procesos, son los que tienen las responsabilidades políticas. No obstante ello, a la ciudadanía y a la sociedad civil le corresponde generar sus propios espacios, más allá de los que la estructura administrativa y burocrática, asociada al poder político, pueda brindar. Las organizaciones sociales, universidades,  instituciones religiosas y filosóficas, medios de comunicación, entre otros tantos, tienen algo que decir. Deben ser vigilantes que  sus sueños sean parte del diseño, y en definitiva ser parte de la construcción de la nueva región de Ñuble. 

Al parecer lo que ha ocurrido luego que fuera creada formalmente la región, es una demostración del centralismo atávico de nuestro país. Hay una fórmula preestablecida, que si se aplica literalmente genera la percepción de que la comunidad se encuentra al margen de un proceso que contribuyó a crear. 

Los principales voceros y actores públicos de este proceso, han sido políticos, que tienen acceso directo y cotidiano las esferas del poder y opinan y actúan en consecuencia. Por ello, para que este proceso sea exitoso, máxime si se avecina un cambio de gobierno, es fundamental que la sociedad civil organizada haga sentir su voz, y sirva de puente entre ambas administraciones. 

El espacio de los sueños compartidos, que inspiraron la creación de Ñuble Región, no puede estar ausente de este proceso. Urge recuperar el sentido colectivo, la concepción global del proyecto, por sobre intereses sectoriales o parciales, que han emergido con inusitada fuerza, y que son un reflejo de lo que denominamos el “síndrome del pulpo” .

Descentralizar la descentralización, parece ser el gran desafío de lo que viene, y no se logrará con una simple repartición de recursos y oficinas, requiere una reflexión más profunda. Esperamos tanto tiempo por la Región de Ñuble, que bien vale la pena dedicar un tiempo a una reflexión real, no formal, que recoja los sueños colectivos y cambie el estado de ánimo que se ha instalado junto a los viejos muebles.