Industria agrícola

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Fernando Villa

Las razones de la baja competitividad de Ñuble y las propuestas para superar ese rezago que muestra su economía respecto de otras regiones del país, es la gran pregunta que deberá responder la futura estrategia regional de desarrollo, cuyas bases serán elaboradas por una entidad internacional que será elegida los primeros días de enero. 

Sin perjuicio de aquello, los diálogos ciudadanos y el trabajo de la mesa público-privada han detectado dos desafíos primarios: aprovechar las oportunidades del potencial agroalimentario y a las instituciones de educación superior existentes en la zona, varias de ellas con capacidad de generar investigación especializada. 

Destaca en este sentido el liderazgo que ejerce la Universidad de Concepción, una de las tres universidades complejas más importantes del país, cuya vinculación con el mundo productivo de la nueva región se mantiene por décadas. Días atrás suscribió un convenio con los regantes del río Ñuble, a fin de estudiar y desarrollar sustentablemente esa cuenca, ha hecho lo mismo con la cuenca del Itata y suma cientos de proyectos relacionados con la agricultura, el mejoramiento genético y el desarrollo de nuevas variedades. En este esfuerzo también se han sumado fuertemente en la última década el INIA, a través del centro Quilamapu, y la Universidad del Bío-Bío, con importantes avances en el ámbito de los alimentos e ingredientes.  

Aquello confirma que hay capital humano, experiencia y redes que pueden ser muy útiles a la hora de configurar una hoja de ruta que se haga cargo del potencial agroalimentario y de modernizar su matriz industrial, dominada por la producción forestal-maderera. En materia de exportaciones, por ejemplo, más de dos tercios dependen del rubro forestal, mientras que la agroindustria se basa apenas en el azúcar, la inulina y algunos pocos productos hortofrutícolas con baja agregación de valor, pues corresponden a fruta fresca, en desmedro de subsectores como los congelados, las conservas, los deshidratados y los jugos, que no tienen un peso significativo en la canasta local. 

Es claro que se requiere un impulso modernizador potente, fruto de un trabajo público-privado, con una política de incentivos audaz, para lo cual las futuras autoridades tendrán nuevas herramientas derivadas de recientes cambios legales, pero sobre todo se necesitará el compromiso del empresariado y de los agricultores de incorporar innovación y conocimiento a sus actividades productivas.

Detenernos en este tema es pertinente al cerrar un año en que la economía de la nueva región (empleos, salarios y productividad) va a la cola del país, pese a tener potencial para estar siempre de la medianía de la tabla hacia arriba. Por lo mismo, habrá que seguir también con atención las medidas comprometidas en el programa del Presidente Piñera y los esfuerzos que hagan las autoridades de su gobierno por generar un escenario favorable para consolidar el despegue definitivo de nuestra principal vocación productiva. 

A no dudarlo, solo una industria agroalimentaria diversificada, moderna y competitiva tendrá un real impacto en el desarrollo económico y en los ingresos de todos los habitantes de Ñuble.