La fiesta de la gallina clueca

Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.


Decía un viejo dirigente gallego, que las elecciones provocaban a la sociedad, y  que esta entraba en celo. Y los candidatos al igual que las “gallinas cluecas”, despliegan su plumaje, se pasean cocorocos, sacan pechuga, miran con el cogote estirado, y sonríen a quien se les acerca en busca de captar su atención. 

La fiesta de la democracia es también la fiesta de la “gallina clueca”. Los electores elegirán a solo una de ellas. Y Chile eligió. Atrás quedaron las plumas de la gratuidad, del CAE, del crecimiento, del empleo o de la AFP. Ese fue el plumaje principal, pero también hubo plumas secundarias, como el matrimonio igualitario, la adopción monoparental, la seguridad ciudadana. Y en otras menos visibles las plumas del arte y la cultura. Las gallinas cluecas hicieron en un comienzo un esfuerzo por diferenciase, pero en la recta final una de ellas se vistió con el plumaje de su adversaria y ganó por un amplio margen. 

¿Qué viene ahora? Los huevos los ponen las gallinas y se los come la gente. Y ahí hay una responsabilidad compartida. Es responsabilidad de la sociedad estar vigilantes para que los huevos de estas ponedoras sean lo que prometieron cuando desplegaron su plumaje. Por lo tanto, en ese escenario se produce un hecho esencial de toda democracia y que debería ser una práctica permanente: la sociedad no solo vigila, sino que exige que se le cumpla con lo prometido. 

Por otra parte, la pasión no exenta de algunos excesos, comparable con el ruido y estruendo que producen las gallinas cluecas, deja espacio al entendimiento, a la cooperación, a la crítica serena y a interacción civilizada. Por ello, no se comprenden bien afirmaciones como “menos partidos, más ciudadanía”, o aquellas tentaciones por democracia directa que no son más que expresiones populistas y que muchas veces terminan en dictaduras encubiertas. 

Por ello, el proceso de las elecciones de autoridades con toda la tensión y el estruendo que provoca, sigue siendo la fiesta de la democracia y el principal espacio de participación de la ciudadanía. En el escenario actual es obligación de todos promover la educación cívica y avanzar en medidas que incentiven la participación y mitiguen la abstención. Es el camino para recuperar la credibilidad en la política, prevenir a la sociedad de las tentaciones populistas o autoritarias, y profundizar los compromisos de los ciudadanos con su destino. Solo así construiremos una democracia más sana. 

El domingo recién pasado el pueblo chileno que participó en las elecciones se pronunció de manera categórica por una de las opciones. Esto no significa la imposición de la mayoría sobre la minoría, también muy numerosa. Esta tiene sueños y aspiraciones muy relevantes y que merecen ser considerados, de otro modo se corre el riesgo de tensionar al cuerpo social a límites indeseables. La sociedad es una unidad en la diversidad, un cuerpo que -como decía Fraga- cada cierto tiempo entra en celo y provoca pasiones, exaltan las convicciones e incentiva la discusión. Algunos le temen a esto, pero mientras sean las elecciones y los votos los que deciden, nada de ello es negativo, sino por el contrario necesario y fundamental para una sana convivencia democrática, humana y social.