La esperanza de Ñuble

A los habitantes de Ñuble les han estado prometiendo hace muchos años la concreción de un sinnúmero de proyectos, fenómeno que se acrecienta en periodos electorales, pero que con el paso del tiempo se transforman en anhelos no cumplidos. 

Autoridades de todo nivel, desde alcaldes hasta ministros y presidentes, han propuesto obras de infraestructura que ciertamente contribuirían al desarrollo económico y a mejorar la calidad de vida, pero su no concreción terminan siendo un juego perverso con las expectativas, que una y otra vez se ven defraudadas.

Las razones que se esgrimen siempre son la falta de recursos o la baja rentabilidad económico-social, término injusto y finalmente odioso. Sin embargo, lo cierto es que tras estas excusas hay un fuerte componente centralista, que determina la priorización de los proyectos que se concentran en las grandes ciudades y, naturalmente, la falta de voluntad e influencia política de autoridades locales y nacionales. 

Otro factor importante lo constituye la escasa capacidad de gestión de los municipios para diseñar y postular iniciativas a financiamiento estatal. De hecho, la nueva región tiene una cartera de apenas 68 proyectos postulados al Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), de los cuales solo ocho están en condiciones de ser aprobados.

Así, la demanda efectiva de recursos para nuevas iniciativas en Ñuble solo alcanza a $3.500 millones, poco más del 10% del presupuesto FNDR que tendrá Ñuble. 

En otras palabras, la nueva región tendrá más recursos que proyectos, debilidad que ha llevado a la delegada presidencial para la instalación de la Región, Lorena Vera,  a admitir que no será nada fácil lograr ejecutar el primer presupuesto del Gobierno Regional, el año 2019, el primero que deberá gestionar la nueva región en forma independiente.

Por otra parte, al mirar proyectos cuyos beneficios son evidentes, como la construcción de la Ruta Costera entre Cobquecura y Dichato, la instalación de un puerto seco en Rucapequén, el tercer acceso vial a Chillán, la ampliación de la Avenida Alonso de Ercilla y la habilitación del tendido ferroviario hacia Concepción, es inevitable mirar el paso de los años sin que se haya avanzado siquiera con un estudio de pre inversión, salvo en el caso de la Ruta Costera donde estarían garantizados los recursos para sus estudios de ingeniería, último paso antes de postular a recursos sectoriales. 

Se puede entender que los tiempos de la burocracia estatal sean más lentos que los del mundo privado, pero si esa fuera la única razón, iniciativas como las extensiones del Metro en Santiago no se habrían aprobado tan rápido. 

Es por esto que en la antesala de la instalación de un nuevo Gobierno, es conveniente analizar de qué forma se hará cargo de este desequilibrio en el desarrollo territorial de Ñuble, el efecto más profundo y duradero del porfiado centralismo que hemos sufrido los últimos 50 años. 

En tal sentido, el programa del Presidente electo contiene propuestas que son bastante auspiciosas, al abordar dimensiones claves del desarrollo territorial -como educación, salud, calidad del empleo, mejor acceso a bienes públicos y conectividad-  pero que solo quedarán en buenas intenciones si el poder instalado en la capital no descubre la conveniencia de renunciar a ventajas y privilegios, a cambio de disminuir las brechas y superar el centralismo.