Designaciones

Es ley de la política que la conformación de los equipos de gobierno respondan a dos criterios; por una parte tener personeros que cumplan con los requisitos profesionales y técnicos necesarios para desempeñar los diversos cargos y al mismo tiempo que tengan militancia o “afinidad” con el partido o conglomerado gobernante. 

Estos criterios si bien son relevantes, no responden plenamente a las exigencias que surgen de la modernización del Estado y en el caso de Ñuble, del proceso de instalación de los servicios públicos de la nueva región, que requiere de un mecanismo objetivo y transparente de concursabilidad para sus más de cien cargos directivos. 

El éxito del nuevo Gobierno dependerá en buena medida de que sepa responder a las expectativas que el electorado ha puesto en él, las que están marcadas por llevar a cabo las transformaciones que ha prometido, lo mismo que de autoridades que las pongan en práctica y respecto de las cuales también hay expectativas de renovación, en el sentido de que no solo aparezcan las caras que conocimos en 2010. 

El lunes Sebastián Piñera ya dio una pista: “Tiene que ser una combinación entre experiencia y renovación y sin sesgo político, pues aquí hay espacio para todos los que quieran trabajar por Chile”, dijo  en un punto de prensa en su casa, tras recibir  la visita de la Presidenta Michelle Bachelet.

Buenas intenciones del Mandatario electo, pero probablemente no sean más que eso, pues históricamente, en Chile, el Presidente de la República ha debido negociar los nombramientos de cargos de la administración pública con los partidos políticos. Por esta vía -aún transitada, sobre todo en los niveles regional y provincial- se infiltra el cuoteo, una práctica que daña a la ciudadanía, pues una calidad baja de los bienes y servicios que produce el Estado perjudica sobre todo a los sectores más necesitados e impacta negativamente en la competitividad del sector privado. 

El cuoteo de cargos también tiende a debilitar al Ejecutivo, porque los parlamentarios electos y sus partidos piden esos puestos para compensar a los actores claves de la campaña. Por último, en el mediano plazo los partidos también pierden con el cuoteo, porque surgen grupos internos motivados por los puestos, diluyendo su mística o programa. Ocurrió con la Nueva Mayoría y todo indica que la coalición ganadora el domingo transitará el mismo camino.  

Entre aquellos que podrían asumir posiciones de liderazgo en la próxima administración se observan opiniones divergentes acerca de los criterios que deben guiar la permanencia o salida de quienes hoy están en el servicio público y de quienes deben incorporarse en el contexto de la creación nueva región. 

Algunos usan como argumento la aspiración de las nuevas autoridades de contar con personas de confianza, incluso en los cargos técnicos. Otros, sin embargo, valoran el sistema de Alta Dirección Pública y creen que ha sido eficiente en seleccionar directivos públicos con capacidad estratégica y gerencial. 

Esta última mirada parece más acorde con las expectativas que la propia ciudadanía tiene de la administración pública y de un proyecto político como la nueva Región de Ñuble, nacida con un alto grado de consenso y con un objetivo que está muy lejos de ser un botín o bolsa de empleos para una mayoría circunstancial.