Editorial | Una meta de largo plazo

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: M.Ulloa

Hay datos cuya certeza se afianza con el correr del tiempo. Para 2050, la población de la intercomuna Chillán-Chillán Viejo llegaría a las 300 mil personas, casi el doble de la hoy existente, lo que representa un enorme desafío en cuanto a cómo lograr que los habitantes de la futura urbe puedan llegar a vivir en cierto grado de armonía, conciliando aspectos tan fundamentales como el espacio, las relaciones laborales y sociales, con una gestión que debería ser lo más sustentable posible. 

Esta compleja dinámica local se replica en todo el planeta y a diferentes escalas. De hecho, la ONU calcula que en 2025 el 70% de la población mundial vivirá en centros urbanos y habrá 300 megaciudades en todo el mundo con poblaciones que superen los 10 millones de habitantes. 

No es extraño entonces que, contemporáneamente, haya surgido como solución el concepto de “ciudades inteligentes” (conocidas también como smart cities, en inglés), que serían aquellas en las cuales los últimos avances tecnológicos son utilizados para organizar y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. 

Y si bien a este concepto se suelen asociar las grandes capitales del planeta, sus alcances deben ser atendidos por cualquier ciudad que aspire a ser más eficientes en el uso de sus recursos y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. 

Al respecto, nuestra situación actual debería preocuparnos, pues si bien la ciudad (Chillán-Chillán Viejo) se ubica por debajo del promedio en consumo de energía eléctrica per cápita y volumen de desechos sólidos por persona, la contaminación del aire nos condena, ya que tenemos el segundo lugar nacional en emisiones de PM2.5 per cápita. En materia de áreas verdes, en tanto, estamos en el fondo de la tabla, con los índices más bajos entre todas las ciudades chilenas de igual tamaño y en cuanto a la movilidad, sufrimos un evidente déficit de infraestructura y planificación. Por otra parte, en el ámbito de la actividad económica nos ubicamos por debajo del promedio, como consecuencia de la falta de nuevos emprendimientos, baja productividad y un reducido porcentaje de inversión en innovación y desarrollo. Otros datos reveladores: el ingreso per cápita local es de los más bajos del país y hace dos años que las tasas de desempleo se ubican entre las más altas del país. 

Las ciudades inteligentes son un futuro bastante más cercano de lo que podría pensarse y en momentos en que Chillán se da un nuevo instrumento de planificación de cara a su rol de capital de la nueva Región de Ñuble, convendría entonces instalar este tema en la agenda pública y abordarlo de modo multidisciplinario, de manera tal que todos los estamentos -transporte, seguridad, consumo energético, movilidad, seguridad, prestación de servicios, educación, etcétera- se desarrollen conjuntamente. 

Serán necesarios los esfuerzos de todos los habitantes, no solo de los niveles universitarios o empresariales, para desarrollar nuevas formas inteligentes de gestionar la ciudad y llevar a la práctica los avances de la tecnología y la democracia participativa. Una meta que tiene como mayores obstáculos los ciclos políticos y el cortoplacismo de las autoridades de turno, pero que es digna de ser perseguida y, por lo mismo, exigida a nuestros gobernantes locales.