Expectativas y realismo

Durante los últimos meses hemos conocido una cantidad importante de propuestas de políticas públicas por parte de las dos candidaturas en contienda, las que no obstante mostrar diferencias de diagnóstico y enfoque, tienden a coincidir en la idea de que el país puede ser socialmente más justo y funcionar mejor.

Ciertamente, es destacable el espíritu de avanzar más rápido hacia el progreso, en especial en lo que se refiere a los niveles de vida de los grupos más pobres. Sin embargo, es importante advertir que el paso entre los ideales y las políticas públicas no es trivial y suele plantear desafíos no menores. 

Sea Piñera o Guillier quien asuma en marzo próximo, de igual forma tendrá que lidiar con expectativas de mejoramiento importantes en la realidad económica-social del país en los siguientes cuatro años. 

Resulta imprescindible entonces recordar que las vilipendiadas leyes de la Economía siguen funcionando, lo que hace que los progresos en este ámbito sean lentos y trabajosos. Por el contrario, sucumbir a la impaciencia de determinados sectores puede resentir significativamente la capacidad de progreso de nuestra economía y con ello, el nivel de vida de los grupos a quienes precisamente las políticas públicas deben ayudar.

Así, el compartido anhelo de avanzar a una sociedad con mayor igualdad de oportunidades, en un contexto de estabilidad y crecimiento, requiere de una estrategia coherente y sistemática en tal dirección.

En particular, se requiere de disciplina en el diseño de las políticas públicas y paciencia para esperar los resultados de estas, tal como ocurrió en el pasado con la apertura al exterior o el control de la inflación.

De este modo, parece necesario que quienes asuman la responsabilidad de gobernar el país en marzo próximo adviertan a la opinión pública que los cambios en la distribución del ingreso, por ejemplo, suelen ser lentos, en tanto se vinculan con esfuerzos prolongados de mejoramiento en las condiciones de acceso al mercado laboral de los grupos más pobres.

Más aún, si se logra implementar una eficiente estrategia de mejoramiento en la calidad de la educación, es razonable suponer que pasará más de una década antes que se puedan apreciar cambios significativos con respecto a la tendencia de reducción en la desigualdad que registra actualmente dicha variable.

Más allá de las controversias que suelen provocar los períodos electorales, en esta oportunidad se aprecian coincidencias en cuanto a las tareas que deberá enfrentar el futuro Gobierno, no obstante que ello no ocurre en lo que se refiere a los instrumentos necesarios para alcanzarlas.

Efectivamente, en los últimos están las grandes diferencias y es sobre ellos que el elector debe prestar atención, enjuiciando su eficacia y generación de valor público. Gobernar no es tomar pedidos, no es ser caja de resonancia de la calle. Conducir un país, es establecer un programa que combine convicción en las propias ideas y realismo. Nada más, ni nada menos.