Planeación participativa

Pensar la ciudad no es un tema simple, menos aún planificar su desarrollo cuando ésta experimenta una expansión habitacional dinámica y creciente. Esto es lo que le ha estado sucediendo a Chillán, que ha visto extender sus brazos hacia el norte, oriente y poniente. 

En Chillán también ha ido creciendo la oferta laboral y académica. Existen industrias e importantes instituciones de educación secundaria y superior que concentran un alto número de trabajadores, estudiantes, académicos y administrativos que se movilizan permanentemente, colapsando las calles, avenidas y aceras que no fueron diseñadas para un parque automotor que ya se empina por sobre los 60 mil vehículos, particulares y del transporte público. 

En definitiva, la capital de Ñuble sufre una de las peores contradicciones de un asentamiento humano moderno: crece y cambia, pero a la vez es la misma de hace 50 años. 

Las modificaciones que ha tenido se han producido de manera inorgánica, sin planificación de desarrollo urbano que la avale y que muestre hacia dónde va la ciudad, cuál es su identidad y su mirada de futuro. 

No se trata de buscar culpables, sino de contribuir a la reflexión acerca de una evidente necesidad de hacernos cargo como habitantes de la misma y parte de ella de contribuir a pensar y soñar el Chillán del mañana. 

En tal sentido, la planificación es entendida mayoritariamente como una cuestión técnica y que le corresponde exclusivamente a los arquitectos y urbanistas y quienes viven, ocupan y disfrutan o sufren en ella, no tienen mucho que aportar a este desarrollo urbano integral. Sin embargo, esa idea de planificación urbana quedó hace tiempo en el pasado y hoy es útil y además positivo, que exista un mayor involucramiento del ciudadano común y corriente en el crecimiento y desarrollo de su ciudad. 

Para avanzar en esta mayor participación hay mucho que se puede hacer. Por lo pronto, resultaría útil que cuando se solicite la opinión de la comunidad, las consultas se realizaran en un lenguaje común y no técnico, que no se llamara a opinar sobre una maqueta o plano que normalmente no es entendible por un inexperto en la materia, ya que bajo este criterio se dará cumplimiento a un tecnicismo legal, pero no se recogerán los sentimientos verdaderos acerca de las necesidades y gustos de los propios habitantes. 

Sería más coherente, entonces, una consulta por barrios y entornos cercanos donde las personas puedan hacerse una idea más real respecto de los cambios que se están proponiendo y sobre todo “traducir” la información pública y hacerla fácilmente entendible para la mayoría. 

Corresponde, en definitiva, instar explícitamente a las autoridades a mirar de cerca este tema y a construir información e indicadores para una mejor participación y control de las cuestiones públicas. Encriptar información es darle un portazo a la ciudadanía y pavimentar el camino para desviaciones como la discrecionalidad de los funcionarios, el secretismo y la manipulación a favor de intereses particulares, en desmedro del bien común.