Hernán Letelier anhela estar en la inauguración del teatro de Chillán

El pasado 2 de enero, el actor Hernán Letelier escribió: “Tengo 20 años, pero acabo de cumplir 95. Actor y director de teatro a mediados del XX. ¿Se acuerda de Pierre le peluquier de La Pérgola de las Flores? Era yo”.

Tal enunciado, algo así como un mensaje en la botella de un olvidado náufrago, debía ser breve, casi como uno de esos seductores haikú, pero no por ser la exigencia de alguna métrica literaria, sino porque es lo que admite Twitter, la red social que descubrió gracias a una amiga que lo fue a ver el 24 de diciembre del año pasado.

Tras entender los alcances que le permitía la red, se mostró desconcertado y sorprendido cuando en cosa de semanas ya sumaba 600 seguidores que le respondían, y le permitieron saber, además, lo que significaba retuitear, poner un “like” o el ícono de un corazón. 

Descubrió fascinado, entonces, que no estaba tan solo en este nuevo mundo, es más, que todas sus reflexiones y memorias eran néctar para un enjambre ávido de sabiduría y experiencias de buena fuente.

Pero el actor, quien aún no tiene un computador (y no sabe cómo funcionan), es apoyado por su amiga, la periodista Rocío Montes, a quien le dicta lo que quiere publicar.

Y con otras intervenciones como: “¿Será común que un hombre de 95 abra cuenta en Twitter? Tengo ansias de conectarme con el mundo. Martina, mi gata, está feliz y me aconseja”; “Ya lo he repetido: gracias y más gracias por los saludos de todo el mundo. Esta palabra abre puertas y a mí no me gustan las puertas cerradas” o “2433! Estoy perplejo, tembloroso. Por mucho tpo estuve tan arrinconado! Todo lo que tengo en mi mente y corazón lo pongo a disposición de uds”; llegó ya a los 15 mil seguidores.

En sus tuits sube fotos de su época gloriosa con el elenco original de La Pérgola de las Flores, leyendo y recomendando obras literarias, mostrando algunas de sus colecciones y detallanado las gracias de su gata Marta.

Dueño de una ternura y unas ganas de estar al tanto de todo lo que pasa en el mundo, maravillado y fascinado por lo que él llama su “renacer”, atendió el llamado de LA DISCUSIÓN y comentó que él nació en Chillán, y que “yo vivía junto a mis padres en la calle Constitución, a dos cuadras de la plaza de armas, claro que en ese tiempo no era como la de ahora. Antes salían todos de la iglesia y los hombres y las mujeres caminaban dando vueltas por la plaza, ellos en una dirección y ellas en la dirección opuesta, entonces, así se miraban y se piropeaban”.

- Su aparición fue dramáticamente potente tras sus primeros tuiteos, lo entrevistaron medios locales y extranjeros. ¿Había sentido antes ese fervor por saber de usted? 

- No lo sentía hace mucho y esto que ha pasado con el Twitter tiene características de milagro, ahora además, estoy con un fotógrafo que pasó algunas fotografías mías en su programa... No recuerdo cómo se llama ¿Instagram?.. Correcto, eso es. 

- ¿Qué recuerdos tiene de Chillán?
- Muchos, viví ahí hasta los siete años y además, es una ciudad a la que quiero mucho, me siento muy unido. Yo me fui muy chico, pero siempre volvía porque mis abuelos maternos, José Miguel Villalobos y Rosario Carrasco de Villalobos, tenían un campo ahí en Recinto. Para mí, Chillán sigue siendo una cosa viva. Seguí veraneando allí hasta el año ‘34, cuando murieron mis abuelos. De mi casa, donde vivían mis padres, Luis Antonio Letelier y Amanda Villalobos Carrasco, ya no queda nada, porque se destruyó con el terremoto (el de 1939).

- ¿Vino alguna vez a Chillán con su compañía de teatro?
- Sí, pasé muchas veces por Chillán actuando, tanto con mi grupo de ensayo, que era de la Universidad Católica, como con la Silvia Piñeiro, hice varias obras con ella y en Chillán tuvimos mucho éxito, con la Silvia llevé dos comedias musicales escritas por mí, junto a Pancho Flores, y que se llamaban “Como en la gran ciudad” y “Javiera y su fantasma”. Con esas obras viajamos por todo Chile y en ese tiempo la Silvia tenía con el público una llegada muy grande.

- Sin caer en los clichés de toda la vida, ¿por qué cree que de Chillán salió tanto personaje importante, como Marta Colvin, Claudio Arrau, Marta Brunet, Pacheco Altamirano, Ramón Vinay, Gonzalo Rojas o los hermanos Parra, entre varios otros?

- Creo que en Chillán hay una temperatura emocional muy potente y eso es algo que se siente de inmediato, por eso ha sido la cuna de tantos personajes importantes.

Además, tuve el privilegio de conocer a varios de ellos, por ejemplo, mi mamá conocía a la Marta Brunet de la época del colegio, entonces, cuando estábamos en Santiago y yo era un niño, ella tenía un programa infantil en la radio de El Mercurio, entonces me hizo cantar. Ella me regaloneaba, me piropeaba mucho, me trataba como a un niño prodigio. En Concepción, conocí a Gonzalo Rojas, frecuentábamos lugares en común, pero no fuimos amigos. Quiero que sepas que Claudio Arrau tocaba conciertos privados en la casa de mis abuelos, cuando él tenía 6 ó 7 años. En Santiago, ya adultos, lo conocí y conversé con él en el camarín, recuerdo que esa vez hablamos de Chillán.

- ¿Sabía que en Chillán se está terminando de habilitar el Teatro Municipal con estándares internacionales?
- Sí, estaba informado y me parece perfecto y a estas alturas, era lógico. No me atrevo a pensar qué hubiera pasado con mi carrera si ese teatro hubiese existido en mi juventud, pero hubiese sido muy lindo y conmovedor. Yo tengo ya 95 años y no sé siquiera si lo alcanzaré a conocer, saque la cuenta...

- Pero usted ha dicho que con esto del Twitter está recién naciendo, y los recién nacidos no tienen derecho a morirse.

- (Risas) Pero puede ser sólo un renacer cortito. Claro, si estoy bien de salud, me encantaría ir a la inauguración del Teatro Municipal, pero no es fácil, a veces soy un poco cacho.