[Editorial] Planeación ambiental

El desarrollo urbano de Chillán, al igual que muchas ciudades de Chile, ha carecido en su planeamiento de la variable medioambiental. Esta ausencia en los instrumentos de planificación y en las políticas públicas locales explica el desacople que hoy existe entre el desarrollo inmobiliario, el transporte y la energía, todos factores que están generando una serie de externalidades negativas que afectan la calidad de vida de sus habitantes. 
En este complejo escenario, la conservación de áreas de valor natural y disminuir los niveles de contaminación ambiental, debieran ser objetivos prioritarios, sin embargo tal urgencia parece no ser comprendidas por las autoridades locales, que han esperado que todas las soluciones provengan del nivel central. 
Respecto de las primeras, un ejemplo de degradación y abandono por parte de las autoridades es el estero Las Toscas, belleza natural de nuestro ecosistema urbano, hoy convertido en un espacio muerto, indeseado y “ninguneado”. Lamentablemente, expuesta esta situación en reportajes y artículos de opinión de este diario, la respuesta de las autoridades comunales ha sido descartar la recuperación de su lecho y riberas, tal como lo hizo Talca, donde el estero Piduco acogerá ciclovías, anfiteatros y parques, en una extensión de casi 4 kilómetros. 
Otro ejemplo de falta de visión lo constituye el arbolado en calles y avenidas, donde desde hace tiempo se constata la tala de especies, algunas veces asociadas a obras de adelanto y otras, la mayoría, a decisiones de particulares, desconociendo la contribución ambiental de la flora urbana, que sirve como mitigadora de las emisiones de material particulado fino (MP2,5) que causa el mayor problema de salud pública que sufre la capital de la Región de Ñuble.
Igualmente, no ha habido una mirada verde sobre el crecimiento habitacional, donde el inventario de parques y áreas verdes aumenta en proporción inversa al negocio inmobiliario. 
Según revela un trabajo realizado por la agrupación local Sello, el 33% de los espacios públicos de la comuna (224) destinados a la vegetación y ornamentación se encuentran mal cuidados. El estudio, a cargo de seis profesionales, también muestra que existe un enorme contraste entre sectores habitacionales. Mientras el centro presenta los mejores estándares en equipamiento y mantención e igualmente el norte y sur tienen altos índices de áreas en condiciones favorables, el lado poniente cuenta con la más baja densidad y el 65% de su superficie verde se encuentra en regular o mal estado. 

Es obvio que en este tema la declarada buena voluntad de las autoridades municipales no basta, más si la ineficiencia de sus equipos técnicos se sigue haciendo patente, como ocurrió esta semana con el fracaso de la licitación del nuevo contrato para la mantención y expansión de las áreas verdes de la ciudad. 

Esta es una de las cuestiones que reclama un cambio y que se agrega a la lista de urgentes tareas que el gobierno local debe encarar para cumplir la promesa de avanzar en la construcción de la ciudad verde que los chillanejos (as) merecen.