[Editorial] Participación electoral

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Nadie duda que habrá alta abstención en las próximos comicios del 19 de noviembre, pese a que algunos confían en la relevancia que tiene la elección presidencial y la mayor fidelidad de los electores a la hora de concurrir a las urnas para elegir al jefe del próximo Gobierno. Además, los optimistas, apuestan al efecto amplificador que podría generar el alto número de candidatos. En Ñuble son 29 los y las aspirantes a la Cámara Baja y 35 para el Consejo Regional.

Sin embargo, es un hecho incuestionable que el voto voluntario cambió sustancialmente los estándares de participación en Chile y en el actual contexto de descrédito de la actividad política, la mayoría de los analistas teme que la abstención se incremente. 

A esos elementos, hay que sumar otros, como la tibia participación femenina, que no logra despegar pese a las nuevas normas que establecieron un piso mínimo de candidatas mujeres, la incomodidad de los votantes por la conformación de los pactos electorales y las nuevas reglas de financiamiento de campañas, que en la elección municipal del año pasado demostraron que los paradigmas a la hora de efectuar propaganda cambiaron, incidiendo en las posibilidades de atraer al electorado y beneficiando a los incumbentes, pues gozan de mayor exposición.

Para la elección presidencial y parlamentaria de 2013 sufragaron 231 mil personas en los distritos 41 y 42 (hoy distrito 19), apenas la mitad del padrón electoral que es de 411.888 personas en la Región de Ñuble, a las que deben adicionarse 45 mil, de las comunas de Cabrero y Yumbel. 

Este año, distintas encuestas arrojan proyecciones en un rango entre 50% y 65% de abstención, cifras muy elevadas si consideramos que se elige a la primera magistratura de la Nación, a los cinco diputados (as) que tendrá la región y a los 6 consejeros que conformarán el nuevo gobierno regional de Ñuble. 

Negarse a participar, entonces, de un proceso democrático para elegir a las autoridades que rigen los destinos del país y de la naciente región equivale a renunciar a lo mínimo que cada ciudadano puede hacer para influir en instancias que tienen por principal misión alcanzar el bienestar común. 

Desde 2012 a la fecha, hemos comprobado que negarse a participar no solo es apatía, también es desconfianza, pesimismo y desencanto. Naturalmente, entre los factores de este posible cuadro de alta abstención figura el desempeño de los líderes políticos, pero también un marcado individualismo de nuestra sociedad, que ha relegado a un último plano la mirada colectiva y del bien común. 

Como un círculo vicioso, dicha desesperanza que se traduce en apatía electoral no solo reduce las posibilidades de cambio, sino que facilita la mantención del status quo que tantas insatisfacciones genera a la larga. 

Ante este incierto panorama ha vuelto a aparecer la idea de echar pie atrás y volver al voto obligatorio, pero finalmente la voluntad popular reside en una decisión individual motivada por el deseo de hacer valer un derecho, y que en el caso de las elecciones presidenciales y parlamentarias constituye la única herramienta de participación efectiva que hoy tenemos para incidir en el Gobierno de nuestro país.