Opinión | Gentilicio para la Región de Ñuble

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Jaime Castro

En la dinámica evolución del latín al español, recordamos un aspecto que nos ha parecido interesante actualizar; y es que, dentro de sus innumerables mudanzas, encontramos que una palabra latina daba origen a dos palabras castellanas: una culta y otra vulgar. 

Sin menospreciar el término de vulgar -pues nos referimos al lenguaje del pueblo, que goza de todo prestigio y reconocimiento, otorgando además al desplazamiento de nuestra lengua, un dinamismo riquísimo que la posiciona entre las más bellas-, estamos en el amanecer de un hecho parecido, cuando tratamos de adoptar el mejor gentilicio para identificarnos como hijos de la nueva Región de Ñuble. Dicho signo étnico debería contener los rasgos de musicalidad y prestancia que lo hagan agradable, accesible y de fácil pronunciación, y del cual al hablar nos resulte pertinente también para concebir una identidad sonora que nos parezca grata al conjugar las raíces originarias cruzadas por dos lenguas y culturas diferentes.

Si nos atenemos al significado de la palabra “Ñuble” en la lengua de nuestros antepasados, veremos que ésta proviene del vocablo  “Nglefen”, su pronunciación primera, que  quiere decir “lugar obstruido”, significado mediante el cual, aplicando el sufijo “ita”, o “ense”, podríamos componer unos primeros ensayos gentilicios de contenido más académico, como “Nglefenita”, o “nglefenense”; o sea, procedente de Nglefen (Ñuble); es decir finalmente y en reconocimiento de todo ese proceso, oriundo de Ñuble.

En estas palabras que se refieren a la adscripción u origen, existe una variedad importante de agregados finales o sufijos que consuman la adjetivación gentilicia. Tales son los casos de “ano”, como en Ninhuano; “ense”, como en ateniense; “ino”, como talquino; “eño”, como porteño, y muchos más, en todos los cuales se verifica también cierta variedad en la raíz original, como sucede, por ejemplo con vallisolitano, al que pertenece a Valladolid, y otros como “penquistas”, habitantes de Concepción, por razones del origen y cambio topónimo.

Sin querer alambicar excesivamente esta tentativa, sino crear una propuesta nueva, en el contexto de una invocación al ingenio, del que deberemos estar muy asistidos en adelante, con todos los resguardos de autenticidad que amerita nuestra identidad en desarrollo, se podría componer el gentilicio de Ñublinés, o Nublinés; en este último caso cambiando la ñ inicial por una n, con el sufijo “nes”. 

También caben las opciones de ñubelitano; ñubelinense, ñubeliteño, o ñubilense, para diferenciar a este último de ñublense, debido a que ya existe como tal, con lo que parecería un tanto parcial en el contexto de la amplitud inclusiva.

En consecuencia, no encuentro desaconsejable la adopción de un primer gentilicio de carácter académico, o erudito por llamarlo de alguna manera, como el de “nglefenita”, o “nglefenense”, para reverenciar a la raíz ancestral; y otro popular como “ñubelinense”, casos todos que prescindirían de la doble mención de género, neutralizando la referencia tanto a las como a los ñubelinenses.

Luis Contreras Jara
Presidente Sociedad de Escritores de Chile Filial Ñuble