Ciencia y nueva región

Ñuble será una región pequeña en superficie y población, sin embargo, el desarrollo que ha alcanzado en materia de investigación científica supera al nivel de la mayoría de las regiones del país, y en el ámbito agroalimentario solo es comparable con lo que se realiza en Santiago.

Esta afirmación es refrendada por datos objetivos, como el número de proyectos (más de 30 actualmente en desarrollo) y de publicaciones científicas que desarrollan profesionales locales. También destaca el impacto de estas investigaciones en el ámbito productivo, que si bien es difícil de cuantificar, existe coincidencia en que es bastante alto, debido a la vinculación entre academia y empresa que se ha logrado en la futura región, con proyectos que tienen una aplicación práctica en el rubro agroalimentario y forestal. 

Este núcleo de investigación, que es potente y que reúne a una masa crítica de investigadores que crece año tras año, es fruto del esfuerzo de tres entidades: la Universidad de Concepción, la Universidad del Bío-Bío y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) con su  centro Quilamapu. 

Estos núcleos han logrado generar conocimiento en áreas clave como el uso eficiente del agua, el mejoramiento genético y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos, el control de enfermedades, la adaptación al cambio climático, el manejo del suelo y el uso de fertilizantes, la reducción de brechas productivas, la caracterización de microorganismos, la agricultura orgánica, el mejoramiento de los sistemas productivos y de procesos industriales, el desarrollo de ingredientes y alimentos saludables, y la solución de problemas de cosecha y postcosecha, entre otros, que finalmente se traducen en una transferencia tecnológica al sector productivo.

Profundizar este desarrollo con miras a los desafíos transformadores que impone ahora nuestro nuevo estatus político-administrativo, sin embargo, requiere de la conjunción de tres elementos: la formación de capital humano de excelencia, el financiamiento, y una institucionalidad que articule a los distintos actores. 

Lamentablemente, esto no ocurre en Ñuble y tampoco en Chile, al menos en los dos últimos aspectos, pues si bien existe un capital humano local altamente calificado que responde a los requerimientos actuales, no se puede decir lo mismo de la política pública, tema que hoy es discutido en el marco del debate sobre el proyecto de ley que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Por el bien del país y de Ñuble, es de esperar que la iniciativa que promueve el Ejecutivo brinde a la ciencia un impulso significativo y una institucionalidad moderna. Sin embargo, de poco nos servirá un nuevo marco normativo nacional para la ciencia y la tecnología, si no existen en torno a ellas también un objetivo estratégico de la nueva región. 

Una hoja de ruta para el desarrollo de Ñuble, así como su materialización en iniciativas concretas, debe poner especial acento no solo en la generación de instrumentos de apoyo a las Pymes o en la identificación de vocaciones productivas, sino que en la ciencia aplicada, la  innovación y la agregación de valor. De ello depende que seamos capaces de construir riqueza en el largo plazo y dejar de depender de la extracción de materias primas y producción de commodities, que tradicionalmente ha tenido como principales consecuencias el empobrecimiento de las comunidades y una alta vulnerabilidad ante las fluctuaciones de precios.