Cárcel de Chillán presenta sobrepoblación de un 30%

Si no fuera por la apremiante dinámica que significa tener personas privadas de libertad por cometer delitos, no sería un disparate decir que la cárcel de San Carlos -al menos por dentro- es un lugar bonito. El piso, las escaleras, los pasillos y las galerías del segundo piso son de madera, conforme a los parámetros de construcción imperantes en el Ñuble de 1940, a causa del terremoto del 39.

Gracias a su aspecto a escuelita rural o -por buscar referencias televisivas- a un pintoresco hotel del far west estadounidense, “a las personas de esta comuna les gusta esta cárcel y la ven y la valoran por su asepcto patrimonial”, dijo el ministro de Justicia, Jaime Campos en su última visita a la zona, el pasado 20 de julio. Similar es lo que ocurre en Quirihue y la de Yungay también es de madera. Por tal razón, en ninguna de ellas (ni tampoco en la de Bulnes) se mantiene encerrado a delincuentes de alta peligrosidad, ni tampoco existe sobrepoblación, por lo que hasta hay camas sin ocupar en cada una de ellas.

Pero todo cambia si se mira el recinto de Chillán. La cárcel, cuya estructura perimetral colapsó tras el terremoto del 2010, debió ser remodelada y equipada con sistemas de seguridad como la instalación de redes secas y húmedas para la prevención de incendios, tiene una capacidad para 530 internos, pero finalizado el primer semestre de 2017, la población supera los 700 reos, lo que supone una sobrepoblación del 30%.

“La población penal es también distinta en lo cualitativo a lo que tiene San Carlos, por ejemplo,  hay que hacer un análisis cuantitativo y cualitativo, claramente la de Chillán es una población más compleja que la de San Carlos”, dijo durante la visitia del minstro, el director regional de Gendarmería, coronel Christian  Alveal. Narcotraficantes, homicidas, delincuentes recalcitrantes y autores de delitos violentos son parte de la nómina penal.

El mejorar esta condición adversa “es un tema pendiente para la  región, el cómo vamos a solucionar el problema de la sobrepoblación, y mientras tanto, con esta realidad, no queda más que agotar todos nuestros recursos para que ante cualquier situación adversa podamos reaccionar de la mejor manera”, advirtió el coronel. En otras palabras, mientras no se construya la nueva y esperada cárcel, no habrá remedio para esta situación, que no sólo afecta a los internos, sino también a los gendarmes.

“Yo lo he dicho hasta el cansancio, me voy a retirar con 30 años de servicio y no habrá otra cárcel en Ñuble, porque a la autoridad no le interesa. El ministro de Justicia dijo que era cosa de que acá en la zona se pusieran de acuerdo en dónde se iba a instalar, pero eso no es así, no es así de simple”, planteó el presidente de la Asociación de Funcionarios Penitenciarios (Anfup) de Ñuble, Cristián Montencinos a LA DISCUSIÓN, gremio que ha mantenido una constante presión por conseguir mejores condiciones laborales para los funcionarios de Gendarmería, en especial para quienes a diario lidian con la población penal.

Más inversiones y más dudas

Desde que en marzo de 2011 se rehabilitó la cárcel chillaneja, las inversiones e inauguraciones de redes secas y húmedas, las capacitaciones al personal en materias de control de emergencias y siniestros no han parado. El último ejemplo fue la inversión de $587 millones para ambas redes en San Carlos y Quirihue, se suman a la instalación de sistemas de circuitos cerrados de televisión para los planteles de internos, incuyendo al de Chillán.

A esto se debe sumar los cursos sobre mejoras en las relaciones interpersonales con los internos, trabajo bomberil, primeros auxilios y de Derechos Humanos que se vienen desarrollando en todas las penitenciarías de la provincia. Sin embargo, para Montecinos, las dudas llegan junto a las inversiones.

“La gente no lo sabe, pero todas esas implementaciones y equipamientos, a la hora de la verdad, no sirven de nada. Por ejemplo, en la cárcel de San Miguel se mostró que las líneas eran de PVC y no de cobre como dicta la normativa, y acá en Chillán en 2013, las redes tampoco funcionaron cuando se generó un incendio en el módulo juvenil, al final tuvimos que sacar a los reos de a uno y como fue de noche, muchos funcionarios con curso de bombero, no estaban”.

Por tal razón, para la Anfup, la única garantía de seguridad son los espacios de rehabilitación, pero si las estructuras carcalarias no mejoran, eso será un ideal imposible”.