Humo y salud pública

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Para los seres humanos, poder respirar aire puro representa mucho más que una pretensión razonable. Es una necesidad impostergable. No obstante ese válido reparo, los habitantes de Chillán y Chillán Viejo parecen estar condenados a padecer el riesgo de contraer enfermedades cada vez que aspiran una bocanada de aire en otoño e invierno. 

Agredida por numerosas fuentes de contaminación ambiental, la atmósfera de la intercomuna es una mezcolanza de sustancias para nada benignas, de las cuales las humaredas provenientes de las estufas a leña son su principal y nocivo componente. 

Si a lo anterior se suman temperaturas bajas y la circulación en el ambiente de hasta 2.117 virus respiratorios, es esperable el aumento sostenido de atenciones por afecciones respiratorias en los centros de salud. 

Un total de 66.546 consultas de urgencia por males respiratorios registraban hasta el miércoles los establecimientos administrados por el Servicio de Salud Ñuble (SSÑ), según antecedentes entregados por la Secretaría Regional del Ministerio de Salud. Tal indicador es superior en 10.386 a las registradas en el mismo lapso de tiempo del año pasado, lo que en términos porcentuales significó un aumento del 15,6%, el mayor de la Región del Bío Bío. 

El incremento local fue superior en poco más de cinco puntos al promedio regional (10,9%) y superó hasta por ocho puntos a los otros cuatro servicios de salud. Respecto a las hospitalizaciones causadas por afecciones respiratorias, el balance de la Seremi de Salud indica que hasta el pasado domingo se habían contabilizado 1.592 pacientes, 303 más que los registrados a igual fecha de 2016. En esta materia la zona también encabezó el incremento porcentual, dejando atrás a Concepción, Talcahuano, Bío Bío y Arauco. 

Por otra parte, al cruzar estos datos con los informes de calidad del aire y episodios críticos correspondientes a este año, se constata que los peak de atención por infecciones respiratorias agudas -como bronquitis, neumonía, influenza, crisis obstructiva bronquial y otras- se dan el mismo día o al día posterior de aquel en donde se produjeron los más altos niveles de contaminación. 

Lamentablemente, nuestra comunidad o, por lo menos, gran parte de ella, todavía no tiene conciencia de esta amenaza, que es un peligro para la salud pública y no se advierte una real voluntad de llevar a cabo una acción masiva tendiente a, por lo menos, paliar las causas de la contaminación. 

Es evidente que se requiere una mayor conciencia y fiscalización, pero ello debe ir aparejado de una mejora en la calidad de nuestra matriz energética. Se trata de un objetivo muy complejo, pero por lo mismo debería ser un estímulo para aplicar la inteligencia y las imprescindibles decisiones políticas a la tarea de purificar el aire que respiramos. 

Reducir las emisiones que contaminan el aire no solo tendrá un efecto positivo inmediato al mejorar nuestra calidad de vida, sino -y quizás lo más importante- permitirá proyectar un futuro más sano para las próximas generaciones.