La Roja y las Primarias

Nuestra singular realidad binaria nos tiene hoy enfrentados a una excéntrica situación, en que un partido de fútbol amenaza la participación electoral del proceso establecido por el sistema democrático que nos rige, para definir a los candidatos a la Presidencia de dos de las tres coaliciones políticas que actualmente existen en el país. 

Ayer, en esta misma columna analizábamos los factores que explicarían una alta abstención y que ciertamente van mucho más allá de la expectación que genera la disputa de la final que Chile jugará ante Alemania por la Copa Confederaciones. Sin embargo, el deporte más popular del mundo y el desempeño de esta generación de jugadores, elevados -por especialistas y aficionados- al sitial de la mejor en la historia, permite hacer diferentes analogías con diversas actividades humanas, la política y estas elecciones primarias incluidas. 

Al examinar, por ejemplo, el desempeño de la Selección Chilena, se pueden hallar coincidencias. Los entendidos dicen que gana porque juega bien, porque es disciplinada tácticamente, porque sus jugadores estudian a los rivales y se preparan. Ganan porque entrenan para transformarse como individualidades y como equipo, en alguien con una capacidad superior. 

Para ganar en el fútbol no sirve decir que la culpa la tuvo el otro o enojarse con imaginarias parcialidades del árbitro. No sirve denunciar negocios o conveniencias del adversario, no sirve hablar mucho del otro y sus malas artes: sirve cultivar las capacidades propias para volverse lo mejor posible. 

¿Cómo se gana una elección? Conectando con la gente, ofreciendo servicio y propuestas inteligentes y realistas, viendo a la política como una vía de concreción de mejoras visibles para las personas, buscando el bien compartido, la superación y protección de los que menos tienen, aprendiendo a trabajar en equipo y a comunicar. También, como en el fútbol, es deseable la virtud de ser directo, eludiendo las trampas de los rivales, dedicando esmero y atención a las tareas y los desafíos, sin caer en la facilidad de decir que uno iba bien, pero el otro lo arruinó todo. 

No sirve hablar mucho del rival, acusarlo, denunciarlo, quejarse de él, hacerlo responsable de la incapacidad propia, para esconder lo que uno no pudo, no supo o no quiso hacer. No sirve para ganar una elección estar amargado, enviciado con la escena del enfrentamiento mediático. Tampoco sirve estar mirando demasiado la historia, el pasado, pretendiendo que el presente es un mero reflejo de la importancia de otras épocas. 

Tanto la política como el fútbol son actividades capaces de representar lealtades, afectos, propósitos y una épica que une a los ciudadanos. Por eso hoy ojalá la Selección Chilena logre un triunfo y nuestra democracia haga lo propio en estas pimarias donde se juegan más que una nominación, sino que la legitimidad del proceso de selección de los candidatos a la primera magistratura de la Nación. Por lo mismo no cabe la abulia, ni poner como excusa el decisivo partido de la Roja, sea cual fuere la decisión de cada votante y lo predecible e intrascendente que, a ojos de muchos, sea el resultado de esta elección.