El militar chillanejo que “hizo patria” en la Antártica

2048 es el año en que Chile podrá reclamar el territorio donde se emplaza la base Villagran es dueño de un holding, siendo el Frigorífico San José una de sus empresas más reconocidas

El 14 de febrero de 1948 fue inaugurada oficialmente la Base General Bernardo O’Higgins, estación de investigación científica chilena instalada en la zona Antártica. 

Desde ese año y con el objetivo de marcar soberanía, han sido cientos los militares chilenos que han viajado a la zona a “hacer patria”, los que han debido enfrentar situaciones extremas en una zona inhóspita.

Uno de ellos es el chillanejo José Villagrán Aedo (64 años), quien siendo parte de la Escuela de Alta Montaña del Ejército, fue destinado el año 1979 al lugar junto a otras 18 personas. 

El viaje, una odisea 

A diferencia de lo que ocurre hoy, hace 39 años las condiciones para trasladarse hasta la base O’Higgins eran extremas. 

Así lo detalla Villagrán, quien cuenta que para llegar hasta el lugar debió realizar un viaje que incluyó un trayecto en avión y días arriba de un barco.

“Partimos en enero desde Santiago. Viajamos en un  avión que nos dejó en Punta Arenas. Ahí abordamos el buque de exploración Piloto Pardo y comenzamos un recorrido de mil kilómetros hasta la base. Teníamos que llegar hasta donde terminara el territorio nacional, que en definitiva es donde el mar se congela y ya no puede seguir el buque, y se debe continuar en lancha”, explica el militar en retiro.

Agrega que fue en ese trayecto donde se vivió una de las situaciones más complicadas de la expedición. “Cuando realizábamos un sobrevuelo en el helicóptero del buque sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, fuimos interceptados por una misilera argentina que nos ordenó bajar de inmediato, o si no nos iban a derribar. Ese pudo ser el inicio de un conflicto delicado, que afortunadamente no pasó a mayores”, manifiesta.

Convivencia 

Si acostumbrarse a vivir bajo condiciones climáticas extremas ya era un problema (-20 grados) compartir con personas desconocidas en un espacio limitado lo complicó aún más. 

“Si  a los cinco o seis meses era incómodo vivir allá, a los nueve ya era algo terrible. Hubo personas que efectivamente el año de encierro en una isla los colapsó. No teníamos ningún tipo de comunicación y debíamos conformarnos con tener contacto por radio con el continente una vez a la semana. Además, teníamos un pacto que consistía en que, si alguien moría no se le podía avisar a la familia, porque no había forma de sacar el cuerpo del lugar” , detalla Villagrán.

Agrega que las principales salidas que realizaban eran para visitar las bases vecinas de Inglaterra y Rusia, donde aprovechaban de compartir con los militares de esos países.

“Con quienes más compartíamos era con los rusos.  Ellos nos daban vodka y nosotros les regalábamos pisco. Eso sí, siempre manteniendo la distancia y cuidando de no entregar información de nuestro trabajo”, comenta. 

Situación extrema

El haber estado cuatro días perdido en el casco polar es una de las experiencias más extremas que recuerda el militar en retiro  de su estadía en la Antártica.
“Habíamos salido de la base en un vehículo especial para la nieve y comenzó a levantarse una neblina que no nos permitía ver el camino. Estuvimos días dando vueltas en círculos y ya no nos quedaba alimentación. Mantuvimos la calma y pudimos finalmente volver a la base”, comenta.

“La gente no conoce las situaciones extremas que enfrenta a veces el personal de las Fuerzas Armadas y es bueno que se den a conocer,  porque son muchos los sacrificios que hacen para mantener la soberanía del país”, concluye.