“Incivilidades”

El espacio público y el respeto que los ciudadanos tengan sobre él son quizás los parámetros que definen la esencia de una ciudad. Su importancia trasciende el marco del acatamiento a la ley y las obligaciones de las autoridades de hacerlo respetar, para convertirse en la radiografía de la sociedad que vive en un lugar geográfico específico.

Desde esta perspectiva, la imagen que nos arroja Chillán no puede tenernos muy conformes y así lo demuestran una serie de encuestas realizadas recientemente por personal del Consejo de Seguridad, que depende de la Municipalidad. 

Tales estudios revelan que a las familias de todos los sectores de la ciudad, en temas de calidad de vida, más que la delincuencia, les aquejan las llamadas “incivilidades”, que son situaciones sociales de irrespeto al prójimo tan comunes como necesarias de erradicar.  

La variedad de la descarga agresiva que se ensaña con lo nuevo y lo limpio se descubre con solo transitar por Chillán y encabeza la lista. De hecho, lo primero que se constata en las encuestas es el vandalismo, caratulado como “daños simples”, que consiste en la destrucción total o parcial de mobiliario urbano o artefactos públicos cuyo costo excede a 1 UTM ($46.787). Aquí entran las bancas de las plazas, monumentos, señalética, juegos infantiles, postes del alumbrado público y murallas. 

Entre las “incivilidades” más denunciadas también se encuentra el consumo de alcohol en la vía pública y la presencia de personas en estado de ebriedad en la calle. Esta situación tiene su correlato en la proliferación de clandestinos y en el exceso de patentes de alcohol hoy vigentes en la ciudad, que llegan a 468, cuando no deberían superar las trescientas. 

Otras transgresiones identificadas mayoritariamente por los chillanejos, de todos los segmentos socioeconómicos, son la invasión de espacios públicos por vehículos, el comercio ambulante y el depósito de basura en lugares no autorizados.   

Está claro que nuestra sociedad no debe tolerar como inevitables las distintas expresiones de este tipo de violencia que afectan la vida urbana, por lo cual es indispensable actuar sin desmayos mediante el control y la sanción, dos conductas que tienen su tiempo y su función, ninguna omitible a fin de afrontar el problema.

Es hora de que las autoridades locales cumplan con su deber y se apliquen con firmeza a proteger la ciudad que los chillanejos les hemos encomendado cuidar, pues hasta ahora la inacción solo ha servido para sentar negativos precedentes, al convalidar “incivilidades” como el comercio ambulante y la invasión de espacios públicos, lo que al final ha terminado alentando su repetición. 

Es necesario reclamar que se cumpla la ley contra los infractores a las normas que protegen los bienes públicos y privados. Sin confundir firmeza con atropello, pero con la convicción de que los límites son necesarios y de que sin defensa de la propiedad y el espacio ajenos, el caos social deviene inevitable y la ciudad que tanto apreciamos se irá desmereciendo día tras día.