La historia del winka que busca ser un mapuche “oficial”

¡Mari mari peñi...! (buenos días hermano) es lo primero que Bernabé Soto repite al recibirnos en su casa.

Con el tradicional trarilongko (cinto) en la cabeza y el abrigador maküñ (manto) correctamente puestos, nos da la bienvenida el nacido en Talca que llegó a vivir a Quillón hace doce años.

El músico jubilado de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción (UdeC), en donde por casi cuatro décadas la integró tocando el corno francés, admite que lo único mapuche que tiene es el conocimiento adquirido de la cultura ancestral y la ropa representativa que lleva puesta.

No obstante, pese a que en las etapas del desarrollo de su histórica descendencia familiar ningún miembro fue parte o se relacionó con integrantes del pueblo originario, desde hace casi una década el que en rigor sería un “winka” para los ojos mapuches, está haciendo todo lo posible por promover y difundir el legado de los que no fueron sus antepasados directos.

Cursos no lectivos de mapudungún y talleres extracurriculares donde enseña a jugar a la chueca a los niños y niñas de la Escuela Los Héroes del Itata de Quillón desde el 2007, es la labor que realiza tres días a la semana el talquino de 77 años.

Pero su interés va más allá de lo educativo. En un improvisado taller instalado en un ambiente externo de su vivienda, elabora instrumentos como trutrucas, pifilcas y wadas, usados en ceremonias especiales.

Celebración
Fue tanto el entusiasmo de Bernabé Soto por mantener viva la tradición étnica, que desde hace ocho años viene realizando el we tripantu (año nuevo mapuche) en Quillón, en donde se reúnen miembros originarios, además de personas que quieren conocer un poco de las constumbres del histórico pueblo.

La versión 2017 la realizará el próximo lunes 26 y desde ya el septuagenario confía en que será todo un éxito.

- ¿Cuándo parte esta necesidad de promover lo mapuche?
- Empecé a valorar este mundo cuando a los 15 años conocí a un mapuche en Santiago(...) ya de adulto me di cuenta que había poco interés en el país por esta cultura, entonces yo me propuse darlo a conocer. Estuve un año completo con el peñi José María Huilcamán que fue mi maestro; el me puso este poncho, entonces yo le prometí que, antes que me muera, iba a enseñar su cultura y eso es lo que estoy haciendo.

- ¿Y los niños realmente están motivados por aprender de esta cultura?
- Ellos están fascinados, lo que es importante a sus edades porque en este país se discrimina a todo lo que no se conoce, pero cuando se empiezan a tener conocimento la discriminación va quedando atrás. A los niños yo les digo que lo que les enseño no los convertirá en mapuche, sino que los hará más sabios.

- Usted haciendo todo esto y con lo aprendido tampoco lo será.
- Obviamente que no, pero sí fui bautizado por José María Huilcamán en un río; me hizo todas las bendiciones y me nombró Peñi Ilkantufe, que significa hermano cantor; me puso así porque yo le dije que era músico. Entonces ese es mi nombre de mapuche y como chileno soy Bernabé Soto.

- ¿Qué más le falta para sentirse más mapuche aún?
- De corazón y alma me siento parte del pueblo. Pero también estoy solicitando a la Conadi (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) para que me declare mapuche honorífico(...) tengo que llevar toda la documentación que demuestre lo que estoy haciendo para preservar la cultura.

- ¿Que más ganaría con este reconocimiento de Conadi?
- Me facilitaría seguir enseñando en escuelas con su autorización; confío en que este año ya estaré recibiendo este título.

-¿Por qué cree que hay personas que reniegan de sus orígenes mapuches y quieren pasar desapercibidos?
- Este es un problema que tenemos por muchos años y se debe a que las autoridades chilenas no se han preocupado de darle valor a la cultura, lo que ha permitido que crezca la discriminación precisamente porque se desconoce el legado.

- ¿Qué opina de los actos de  violencia que se asocia a comunidades mapuche?
- Yo por ejemplo he conversado con algunas comunidades y les he dicho que no quemen camiones y que deberían promover la cultura explicando qué es lo que hacen y lo que quieren del pueblo chileno, pese a que en 217 años no han resuelto los problemas.

Los instrumentos que fabrica para el trascendental we tripantu solo están esperando ser tocados y las coloridas banderas representativas del pueblo originario desde ya empezaron a flamear en su casa.

Con un ¡pewkayal! (adiós, nos vemos), se despide el más mapuche de los winkas en Ñuble.