[Editorial] Desafío impostergable

Existe consenso entre los expertos en que la creación de la Región de Ñuble no garantiza por sí sola un mayor crecimiento económico, sin embargo, constituye una oportunidad de abordar con una mirada local y asociativa entre el sector público y el privado, las definiciones en torno al desarrollo que se quiere para este territorio y sus habitantes. 

En otras palabras, si bien se da por descontado que la instalación de la nueva Región traerá consigo una mayor inversión pública, para que ésta tenga un efecto multiplicador en la inversión privada, debe focalizarse en aquellas áreas definidas previamente por una planificación del desarrollo territorial. 

A su vez, es necesario que dicha planificación responda a una estrategia común, surgida del diálogo entre todos los actores de Ñuble, y no de la burocracia actual, pues en tal caso se trataría de una mera réplica del centralismo nacional y regional que hoy ahoga a la provincia.

Efectivamente, contar con mayores recursos públicos para apalancar el desarrollo local es muy positivo, pero los nuevos proyectos que se financien deben tener un objetivo estratégico definido a partir del diálogo entre los alcaldes, la comunidad, las universidades y sobre todo las empresas, ya que solo así se podrá construir una región que dé respuesta a las actuales demandas por una mejor calidad de vida para sus habitantes. 

La experiencia de Los Ríos y de Arica-Parinacota, creadas en 2007, muestran no solo un sustantivo aumento de la inversión pública en comparación con los montos que se destinaban antes de su constitución como regiones, sino que también el sector privado ha dinamizado su actividad y sus economías hoy son mucha más fuertes y diversificadas. 

Es por lo anterior que en Ñuble no son pocos los optimistas que ven en la creación de la Región una oportunidad para abordar postergadas inversiones en materia de infraestructura pública. 

Aquello es correcto, pero el desafío de dinamizar la economía local, caracterizada por una estructura productiva poco diversificada, con empleos de baja calidad y altas tasas de desocupación, requiere mucho más que un mayor presupuesto de inversión pública. 

En ese sentido, Ñuble enfrenta una etapa clave en la definición de su futuro, pues antes de la instalación formal de la nueva Región, es clave abordar ciertos desafíos que le permitan orientar el trabajo posterior de manera de alcanzar efectivamente el objetivo de desarrollarse. 

Hay dos cuestiones que son clave. En primer lugar, una estrategia de desarrollo territorial consensuada con todos los actores, que establezca vocaciones productivas y metas claras y paralelamente, un fortalecimiento del capital social, tanto en lo político como en lo económico, puesto que de esa manera se podrán aprovechar las oportunidades que generará la nueva institucionalidad. 

El PIB de la nueva Región representará apenas el 1,5% del producto nacional, sin embargo, está en condiciones de soñar en grande si sus empresarios asumen el desafío de participar en esta nueva etapa de su desarrollo.