[Editorial] Ñuble costero

La costa de Ñuble tiene apenas 58 kilómetros de extensión, comprendidos entre las comunas de Cobquecura, Trehuaco y Coelemu. Sin embargo, esa pequeña franja tiene gran relevancia económica no solo para nuestros pescadores, sino que para todo el sector artesanal del sur de Bío Bío, pues allí se concentraría gran parte de la merluza que extraen actualmente. 

En efecto, la delimitación de la zona donde podrán operar fue, desde la génesis del proyecto de ley que crea la nueva Región, tema de interés y tensión entre autoridades y organizaciones locales y sus líderes. Y ahora, en la recta final, no fue distinto, pues el artículo 12 del proyecto que debía someterse a votación ayer en la Comisión de Pesca de la Cámara Baja, se había convertido en piedra de tope para conseguir el respaldo de la diputada socialista Clemira Pacheco y de otros legisladores oficialistas que cuestionaban su redacción. 

La duda instalada sobre tal apoyo generó una preocupación real en el Ejecutivo, pues se sabía que los diputados UDI Jorge Ulloa y Enrique van Rysselberghe, defensores de los intereses penquistas, votarían en contra. Por lo mismo, fue el propio subsecretario de Pesca, Pablo Berazaluce, quien el lunes se reunió con la diputada Pacheco y representantes de la Federación de Pescadores del Bío Bío, para consensuar una propuesta que ayer logró diez votos a favor y solo dos en contra, permitiendo así que el proyecto de ley que crea la Región de Ñuble pase a Hacienda, la última de las comisiones antes de ser votado en particular por la Sala de la Cámara de Diputados. 

El cambio en la redacción del articulado apunta a especificar la delimitación del área en las que se podrán desenvolver los pescadores, eliminando la denominación “zona contigua”, y estableciendo claramente los límites norte y sur, que corresponden a la actual Región del Bío Bío. De esta forma, se aquietan las aguas de un potencial conflicto con los pescadores del Bío Bío que por número, pero sobre todo por la influencia ganada a punta de protestas y choques con la autoridad, pesan bastante más que sus pares de Ñuble, donde hay no más de cien personas inscritas, entre pescadores, buzos mariscadores y recolectores de orilla. 

Lamentablemente, los ñublensinos no hemos sido conscientes del significado que tiene este patrimonio para nuestro presente y sobre todo para el futuro. Inmersos en una fuerte tradición agrícola y ganadera, perdemos de vista nuestra pequeña costa y bien sabemos que cuando se desconoce la importancia de algo, se corre el riesgo de caer en la desidia, el abandono o en conductas irresponsables que pueden precisamente amenazar esa proyección económica y ambiental. 

De hecho, si actualmente el nivel de pesca que se desarrolla en Ñuble es menor, es porque nadie se ha preocupado del tema, de dotar a los pescadores de infraestructura adecuada y de estudiar cuáles son los recursos existentes y las embarcaciones idóneas para extraerlos. 

Hay aquí entonces un desafío primario para un sector que está llamado a ser parte del desarrollo económico y social de la nueva Región.