[Editorial] Las mismas caras

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Nos encontramos transitando un intenso año electoral. Además de tener que elegir a la principal autoridad del país, deberemos concurrir a las urnas el 17 de noviembre para renovar el Parlamento, los Consejos Regionales y, posiblemente, también elegir intendentes o gobernadores regionales, como pasarán a llamarse. 

Supuestamente, nuevos contingentes de aspirantes pretenden incorporarse a estas instancias de decisión política, sin embargo, quien observa atentamente las caras de los candidatos no experimenta, precisamente, la sensación de un cambio renovador. 

En general, lo que vemos es una nutrida legión de viejos conocidos repostulando a cargos donde llevan largo tiempo, décadas algunos, o tratando de evolucionar en sus carreras y subir en la cadena del poder, como ocurre con varios jefes de servicio que llegaron a sus puestos por cuoteo político y ahora aspiran a ser diputados o consejeros regionales. 

Toda una galería de políticos avezados -algunos más veteranos que otros- que han demostrado ser administradores eficaces de su capital político e influencias, mientras la ciudadanía local se pregunta, con inocultable extrañeza, si ésta es realmente la renovación que nuestra política reclama. 

Igualmente y para ser justos, entre los “nuevos” candidatos hay también viejos conocidos que entraron en un breve receso tras el cambio de coalición gobernante hace 4 años y que ahora vuelven arrogándose esa pausa como mérito suficiente para acreditarse en la nómina de los “renovadores”. 

Según la definición consagrada por el uso -y avalada por los diccionarios-, “renovar” significa “cambiar una cosa vieja, o que ya ha servido, por una cosa nueva”. La dirigencia política, sin embargo, casi sin excepciones, se empeña en darle un significado distinto, reñido con lo que indica la razón y con lo que prescriben las enciclopedias de la lengua. 

Obviamente, nadie pretende defender literalmente un cambio total, por lo impracticable e injusto que resulta para figuras de amplia trayectoria que mucho tienen que aportar a la vida nacional y local, pero es evidente que para recobrar la confianza que paulatinamente ha ido perdiendo la dirigencia política, es indispensable que los partidos renueven y oxigenen sus viejas estructuras y la ciudadanía se comprometa cada vez más con la acción política, engrosando las filas de las organizaciones partidarias, a fin de que la renovación de la vida pública sea un fenómeno dinámico y permanente. 

Desde esta columna editorial hemos señalado en reiteradas oportunidades la necesidad de un proceso de recambio y renovación de las dirigencias, a fin de que el escenario público no sea un carrusel en el que siempre están presentes las mismas caras. Lamentablemente, poco se ha avanzado para lograr esos objetivos y salta a la vista que muchos de los que reclaman una oportunidad para producir los cambios son, en no pocos casos, los mismos que se han aferrado a sus posiciones en el pasado y se resisten aún hoy a dejar la escena política.