Deporte y salud

En varias oportunidades nos hemos referido al deporte como un vehículo ideal para la transmisión de valores, pero también es extraordinario su aporte a la salud, tanto física como espiritual. La primera alude a una mejora general en el organismo, en tanto la segunda se vincula con su inmensa capacidad para irradiar optimismo, alegría de vivir, y otorgarle sentido a la vida. 

Diversos trabajos realizados en los Estados Unidos y en los países escandinavos demuestran que las personas activas viven más que las de hábitos sedentarios. 

En el contexto chileno las  cifras son bastante preocupantes. De acuerdo con los resultados del último Simce de Educación Física, el 44% de los niños de 11 años presenta sobrepeso, y los especialistas señalan que esa cifra podría alcanzar pronto el 50%. Igualmente, se estima que más de un cuarto de la población mayor de 14 años no practica actividad física. 

Por otra parte, uno de los estudios más recientes, realizado por la Universidad Chile, encontró que aproximadamente el 60% de los varones y el 75% de las mujeres de entre 25 y 70 años no realizan actividad física regularmente, que no están debidamente incorporados en el imaginario colectivo los hábitos que conllevan dicha experiencia vital y concluye que las políticas públicas han sido incapaces de promoverlos. 

Hace exactamente tres años que el deporte alcanzó rango ministerial, sin embargo al revisar la última cuenta pública de esa cartera se advierte que no existe una política pública conectada con objetivos sanitarios. Pareciera que se confunde el derecho deportivo, que es el conjunto de normas y reglas que rige la actividad deportiva, con el derecho al deporte, que es la legítima facultad del ciudadano de acceder a la práctica del deporte. También se ha confundido una política deportiva con un plan de construcciones, actividades y financiamientos para “sacar campeones”. 

Es de esperar entonces que haya un giro en esta materia y las propuestas programáticas de quienes aspiran a gobernar el país también incluyan una visión de país que combine objetivos sanitarios y una estrategia para masificar la práctica deportiva. 

La transformación que el deporte provoca en la calidad de vida de una sociedad es tan impactante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que por cada dólar que se invierte en deporte se ahorran tres en salud. Es necesario inculcar a la dirigencia, no solo a la política, que cada peso que se invierte en deporte es en realidad una formidable inversión que se recupera de distintas maneras.

No se trata de buscar desesperadamente la obtención de medallas o resultados deportivos, sino de vencer el sedentarismo, la falta de sentido a la vida y tantos otros problemas instalados en la sociedad actual. El día que, como sociedad, comprendamos la importancia mayúscula que tiene el deporte se empezará a gestar una verdadera transformación.