[Editorial] Un mejor Estado

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

Es casi ley de la política. Durante las campañas proliferan promesas y compromisos. Pero sólo unos pocos se harán realidad durante el gobierno electo. Por cierto, la distancia entre lo que se promete y lo que se cumple se explica, en parte, por las urgencias y entusiasmos de campaña; por la aparente necesidad de prometer algo respecto de cada tema imaginable y, también, por esa forma de publicidad engañosa que en este rubro se llama demagogia. 

En esto no hay nada nuevo bajo el sol. Así ha sido y así será. Mientras las elecciones se ganen con votos y estos se movilicen más invocando sueños de transformación que explicitando los insoslayables y, en ocasiones, frustrantes límites y gradualismos propios de la acción gubernativa, casi siempre las promesas excederán la posibilidad de cumplirlas. Y mucho más cuando el período de gobierno se limita a escasos cuatro años y, casi con certeza, quien asuma esta vez carecerá de una coalición de apoyo mayoritaria y ordenada en el Congreso. 

Reconocer este hecho, sin embargo, no equivale a restarle gravedad. Una parte de la distancia entre la gente y la política tiene aquí su explicación. Por eso, una de las más urgentes exigencias de la política moderna es mejorar la capacidad de cumplir, de traducir programas en realidad, de mover con rapidez y eficacia el aparato del Estado para concretar las políticas públicas que el electorado prefirió. Y por eso es, también, tan importante que el Estado se modernice. 

Es cierto, en toda campaña se dicen cosas que no se podrán cumplir. Eso no es bueno, pero tampoco nuevo. Pero en toda campaña se compromete un conjunto esencial de medidas, cuyo incumplimiento sí resultará imperdonable. 

Ocurre que, en no pocas ocasiones, la incapacidad de cumplir no se explica ni por falta de voluntad, ni por ausencia de apoyo legislativo. Lo que suele fallar es el Estado como instrumento de ejecución. La maquinaria estatalno siempre está a la altura en cuanto a diseño, ejecución y evaluación de políticas. Peca de excesivo centralismo, exhibe fallas mayores en la gestión de su personal, carece de instancias eficaces de coordinación transversal y, en los hechos, exhibe muchas diferencias de capacidades y atribuciones entre los ministerios sectoriales y el de Hacienda. 

El Estado dista hoy de ser una máquina aceitada y dúctil, y todo equipo nuevo de gobierno debe dedicar tiempo y recursos que no sobran para, primero, aprender las lógicas de la burocracia y, luego, ponerla en marcha a favor de las prioridades del cuatrienio. 

Por eso una reforma del Estado debiera importar a todos: a los que creen que es mejor para la democracia que los gobiernos incrementen su capacidad de cumplir lo prometido; a todos los que aspiran a gobernar, porque si efectivamente creen que su programa es bueno para Chile querrán ponerlo en marcha pronta y eficazmente, y, finalmente, a los votantes del gobierno electo que tienen derecho a exigir que prevalezcan los compromisos sobre la inercia.