Idamia y "Josecito": Sólo la esperanza que surja algo.

Sin resultados siguen las diligencias policiales por esclarecer los últimos dos hechos que sacudieron a Coihueco en el mes de agosto: el extravío de Idamia Baro, con casi nueve meses de embarazo, y el homicidio de José Manuel Ferrada Aguilera, conocido por su apodo “Josecito”, por ser homosexual. Los niveles de ansiedad en las respectivas familias obviamente son distintos. Mientras que los parientes de “Josecito” dicen “ya estar un poco más tranquilos, pero pendientes de lo que haga la PDI”, en el caso de Idamia el estrés no ha bajado, ya que no sabe nada de ella.

Es más, la noticia reciente del hallazgo de un neonato en Calama hizo que de inmediato solicitaran diligencias para saber si podría ser la guagua que esperaba Idamia. Pese a que, de ser así, el niño hubiese nacido con sobre 10 meses de embarazo, el jefe de la Brigada de Homicidios de la PDI de Chillán, comisario Luis Garrido, confirmó que “en coordinación con nuestros detectives de Calama hemos efectuado diligencias sobre dicho escenario, a fin de establecer o descartar estos antecedentes”.

Las búsquedas en ríos y en las cercanías de la casa de Idamia bajaron notoriamente su intensidad.

“No están finalizadas, realmente, porque siempre estamos pendientes de esto”, dice Alexis Cofré, encargado de la Oficina Municipal de Seguridad de Coihueco.
“Lo que terminó fue esa búsqueda que se hizo de ella, bajo la hipótesis de que estuviera fallecida, en un radio cercano a un kilómetro desde su casa. Se hizo una operación rastrillo con un contingente de personas de la PDI, Carabineros, el SAR, Bomberos, personal municipal, en fin, fueron más de 300 personas, pero no se encontró nada”, agregó.

“Los perros no ladraron”

Llegar a la casa de Idamia requiere pasar por un callejón de piso de tierra y muy angosto. Sus límites son los cercos de las casas vecinas, generalmente custodiadas por perros que le ladran a todo lo que se mueva.

Justo en la casa anterior a la de Idamia (que es la última del pasaje) le pertenece a Marcelo Almarza. Tiene tres perros.

“Estos ladran mucho cada vez que pasa alguien, aunque sea alguien conocido”, comenta ante el festival de ladridos que nos dedican.

“Esa noche, la que desapareció, estaban tranquilos, no ladraron. Solo los escuché como a las 7 de la mañana, pero después supe que era su abuela que había pasado. Y vivían ellas dos solas”, relata.

Conforme a Almarza, Idamia y su abuela jamás discutían entre ellas ni tenían problemas con nadie. Nunca escuchó peleas ni gritos. “Y si hubiese pasado algo esa noche, los perros habrían armado el medio escándalo, pero no ladraron”, asegura.

Era tranquilo, a veces no

Clara Ferrada, hermana de “Josecito”, dice con esperanza que “parece que hay una pista nueva”, para poder dar con los que mataron a su hermano y dejaron su cuerpo a un costado del liceo de Coihueco.

“Yo estoy llamando constantemente a la PDI para saber si hay algo nuevo”, añadiendo que habría otra línea investigativa. “Esa noche hubo un asalto en ese lugar”, explica.

“Era tranquilo, pero a veces le daban los monos y se ponía pesado. Traía hombres a su casa, metían ruido, hacían escándalos y varias veces le pegaron”, admiten los vecinos del barrio donde vivía José, en la Villa Renacer de Coihueco.

Su esquizofrenia parecía exponerlo aún más. “Sí, a veces andaba tranquilo, pero por su enfermedad se alteraba más cuando lo molestaban. Últimamente retaba a las persona que lo molestaban y tal vez le pudo haber pasado eso cuando lo mataron”, reflexiona su hermana.

Sería apresurado decir que se trata de un caso de homofobia, aunque evidentemente “no se puede decir lo contrario, tampoco, pero es cierto que lo molestaban mucho”, finaliza.