26.632 armas están inscritas legalmente en Ñuble

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Agencia Uno

Juan Bustos, vive hace diez años en un sector rural de Coihueco y está analizando la opción de comprar un arma. Desde que vive allí, cinco veces ha sido víctima de robo. “Uno sufre inseguridad y abandono, porque nadie te ayuda, a los tribunales no les interesa, pasan tres meses para decir que el caso se archivó, y uno pasa a ser parte de una estadística. Y esa estadística dice que me van a seguir robando”, afirma. Su casa tiene alarmas y cámaras, pero sostiene que no han sido útiles para evitar los robos. “En el sector donde vivo la mayoría de la gente tiene arma, yo no he comprado, porque no sé usarla todavía”. 

“Cada vez que llegamos a la casa, revisamos puertas y ventanas para ver si ha entrado alguien, si vuelven espero ya tener un arma para poder defenderme”.  Juan sabe que antes de comprarla debe aprender a usarla. Pero en rigor la ley no se lo exige. 

Luego de que el alcalde de La Reina firmara un convenio con un club de tiro para que los vecinos aprendieran a utilizar armas, se ha instalado otra vez el debate sobre su uso. 

En Ñuble, la Autoridad Fiscalizadora de Carabineros, entidad donde se debe realizar los trámites para acreditar la tenencia de armas, registra para la región un total de 26.632 armas inscritas hasta el 31 de julio de 2018, asegurando que no se visualiza un alza significativa respecto a otros años. 

Hasta agosto de 2017, las estadísticas de la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN) para Ñuble, determinaron que las comunas con mayor cantidad de armas inscritas activas por cada mil habitantes corresponden a Ñiquén (70.7), Chillán (57.8) y Yungay (50.7). Esto signfica que en Chillán por cada mil habitantes hay 57 que tienen un arma inscrita, pero que no necesariamente saber usarla. 

El suboficial mayor Víctor Salazar, encargado de la oficina de la Autoridad Fiscalizadora en Ñuble, explica que “los requisitos para acreditar la tenencia de armas es un Certificado de antecedentes para fines especiales, fotocopia del carnet, un certificado de un médico psiquiatra, que le indique que está en condiciones físicas y mentales para la tenencia de un arma, y nosotros le tomamos unos exámenes escritos de conocimientos de armas, pero en la ley no está contemplado un examen práctico”. Así es como las personas pueden salir de la oficina e ir a la armería, sin haber usado el arma. 

Jaime Soto, presidente del Club de tiro Molon Labe, ubicado en el kilómetro 24 camino a Quinchamalí y único vigente actualmente, enfatiza que “todos los que poseen armas de fuego deberían  tener las garantías para poder entrenar con ella, y el que adquiera armas por primera vez deba hacer un curso para poder comprársela, si el curso teórico que se hace no sirve de nada. Si no se tiene ese conocimiento no hay seguridad de poder usar el arma”. 

“Las personas creen que por comprar un arma están seguras, la seguridad viene al saber usarla, y que tu familia sepa cómo hacerlo. Es útil tenerla si sabes ocuparla, si no, es mejor entregarla porque se transforma en un peligro, si alguien llega a tu domicilio a asaltarte te la va a quitar porque vas a estar nervioso, no vas a saber cómo se coloca la vaina, el cargador, las municiones, y te van a hacer daño con ella misma, en ese caso es mejor transferirla o entregarla a la Autoridad Fiscalizadora”, añadió.

En Ñuble existen cuatro armerías, dos de ellas en Chillán. Leo Jouannet, dueño de la armería Deporte Total, asegura que “si antes la mayoría de las armas que se vendían eran por motivos de caza, ahora hay un 50 por ciento que lo hace por motivos de inseguridad”. 

En su negocio el arma más vendida es la escopeta de repetición, si bien considera que las ventas se han mantenido, “la gente llega diciendo que le entraron a robar, que se vieron impotentes de hacer nada ante un delincuente que estaba dentro de su casa”. 

Jouannet asegura que el perfil de sus clientes corresponde a personas que viven en parcelas de agrado, que muchas veces compran una escopeta para caza, pero también para defenderse. Hace hincapié en que entre sus clientes también se encuentran mujeres. 

Paula Hernández vive en un sector rural de San Carlos, comenzó a practicar en el Club de tiro Molon Labe por invitación de su marido. Antes nunca se había enfrentado a un arma. “Toda mi vida estuve en contra de las armas, nunca tuve contacto con ellas, no estaba de acuerdo con la caza y sigue sin gustarme, mi marido se compró una escopeta y una pistola, y me dijo que lo acompañara al club”, relata. 
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aula explica que la sensación de inseguridad la llevó a tomar la decisión. “Nunca había vivido en el campo, me siento más tranquila teniéndola, y sabiendo usarla,  porque antes la teníamos y yo no iba a ser capaz de usarla, mi temor era que alguien entrara,  encontrara el arma y la usara en mi contra, y yo no supiese hacer nada para defenderme”. Ella y su marido asisten al club todos los fines de semana para entrenar competencias de tiro práctico. 

El suboficial Salazar afirma que tiene “57 armas entregadas voluntariamente, estamos constantemente en campaña para eso, la entrega puede ser anónima. Hay gente que se queda con  armas de familiares que fallecen y nadie regulariza la tenencia, si no lo harán, entréguenlas para destrucción”.