El duro tribunal ciudadano que condena a los acusados por Facebook

Una foto y una acusación es todo los que los fiscales ciudadanos suben a los cada vez más populares perfiles de denuncias creados en Facebook, y los miles de jueces comienzan a dar su implacable veredicto.
Perro, desgraciado, sinvergüenza, animal y un sinfín de groserías sueltas, compuestas o acompañadas a algún calificativo alusivo a alguna particularidad física evidente del acusado, son parte de la inapelable sentencia.
Así es como este tribunal ciudadano chillanejo se ha ido convirtiendo en el método de desahogo, y en cierto modo de venganza, que normalmente no se halla en los tribunales tradicionales.
Sitios como Persa Online Chillán, Tus Avisos Chillán, Denuncias y Reclamos son parte de esa veintena de iniciativas de Facebook que aunque fueron concebidas ya sea para vender, permutar o publicitar se transformaron en una caja de resonancia para advertir, funar, acusar o desenmascarar a quienes han cometido actos que les han afectado.
Las denuncias más comunes son las que afectan al bolsillo de las víctimas, como las que apuntan al “Loko Peterete”, que engaña a quienes buscan agilizar y abaratar costos para conseguir licencias de conducir; otras como las que acusan al “Pantera Sanhueza” de quien dicen que se hace pasar por mecánico, desabollador y eléctrico para engañar a los incautos o las malas experiencias en casas comerciales.
Pero las que más indignación despiertan son por lejos las que se cometen en contra de animales y niños.
Un ejemplo de lo anterior es la fotografía que se le tomó a un chofer de micro de quien se dijo haber bajado de su  vehículo a un escolar vestido con uniforme y en compañía de otros alumnos, por no portar su credencial.
Los mensajes que exigían saber de qué línea era para ir a presionar por su despido, no eran menos que aquellos que invitaban a golpearlo. No es necesario detallar el festival de groserías que le valió la acción.
No aptos para los “animal lovers” son las fotos de un perro amarrado a un árbol dentro del patio de una casa que se sacó a través de una rendija de una cerca, desde la vía pública, en la que se advertía al animal muy delgado, sucio y con un plato tan desaseado como vacío.
Claramente enfermo y desnutrido, la imagen causó la ira de los lectores quienes incluso proponían ir a amarrar al dueño al árbol y dejarlo dos semanas comiendo de ese mismo plato.
Pero no todo genera consenso.
A veces quienes buscan la empatía en contra de un carabinero que le cursó una infracción, o en contra de una tienda por no querer devolverle el dinero tras haberse arrepentido de comprar un celular, se llevan -al contrario- sermones, aleccionamientos y reproches por no respetar al pie de la letra la Ley de Tránsito o por ignorar que las tiendas  tienen la obligación de devolver solo en caso de publicidad engañosa o artículo con desperfectos. No por arrepentimiento, por ejemplo.
Las denuncias también llegan a modo de consulta, como el caso de Nancy, la apoderada de un colegio quien, desesperada, pide que la orienten ya que su hijo perdió la vista del ojo izquierdo tras recibir un pelotazo en el recreo, explicando que hasta el momento nadie ha respondido por el caso.
Y de antología es la foto denuncia que se hizo respecto a una hoja de oficio con un membrete de la PDI que simula ser una autorización firmada por el Inspector 2º (grado que no existe, de hecho) para allanar domicilios. 
contención e impotencia
Para el sociólogo de la Municipalidad de Chillán, Daniel Fuentes, este fenómeno es producto de una fuerte contención e impotencia que aún padece la sociedad chilena.
“Esto es muy parecido a lo que se hacía antes en las plazas públicas, donde la gente iba a gritar sus denuncias, pero tras tanto gritar teminaban relajados y se iba a sus casas tranquilos. Acá es lo mismo, la gente se desahoga por las injusticas sociales vividas por años e insulta y se violenta por las redes que son sus cajas de resonancia”, dice.
Pero agrega que “tras este desahogo todo se acaba. Es muy difícil que la gente se una, salga a las calles y haga algo concreto en contra de este chofer que no quiso llevar al escolar o ante alguna otra cosa, porque al escribir su comentario, ya se desahogó”.
Tal contención e impotencia, conforme a Fuentes se arrastra por años en una sociedad generalmente subyugada a régimenes autoritarios y a lo drásticas y extremas que han sido los episodios chilenos como las dictaduras, las matanzas y hasta una guerra civil.
De todas maneras, en una sociedad donde las personas ya son ciudadanos de la aldea global, una “funa” similar, “les puede destruir esa vida”, apunta Fuentes.

La Web lejos de ser tierra de nadie está sujeta a sanciones penales y civiles

Los riesgos de opinar, denunciar o incluso comprar por estos medios no son pocos.
Mientras la comisario Cristina Loyola, de la Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de la PDI de Chillán advierte que muchas de la personas que roban cosas luego usan estas plataformas para ofrecerlas, y ya se ha tomado a personas detenidas, tanto por venderlas como por comprarlas, “porque se cae en el delito de receptación, entonces hay que tomar todos los resguardos posibles para no comprar artículos robados”, dice.
En tanto en lo legal, el abogado penalista Ricardo Robles, asegura que solo el año pasado tuvo más de diez clientes quienes le pidieron que los representara como querellante por injurias y calumnias en su contra y todas publicadas en estas redes y en Whatsapp.
“La ley es clara y si alguien escribe algo en contra de alguien en estas redes puede ser acusada de injurias con publicidad, cuyas penas podrían significar desde 61 a 540 días de cárcel, además de multas y condenas civiles que pueden llegar a ser millonarios dependiendo de cuan grave hayan sido estas acusaciones”, advirtió.