Adaptarse es la clave

Los efectos que se proyecta tendrá el cambio climático en el planeta, principalmente en la agricultura, plantean el desafío de tomar medidas tendientes a la adaptación. Y es que más allá de los esfuerzos de los gobiernos del mundo por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, además de otras medidas que buscan frenar el calentamiento global, lo cierto es que el cambio climático es una realidad que está a la vuelta de la esquina, razón por la que además de reducir la contaminación, también es importante comenzar a implementar las medidas que permitan convivir con este cambio. 

Según la información científica disponible, en Ñuble los principales efectos serán el aumento de la temperatura promedio, lo que reducirá el área de la zona andina capaz de almacenar nieve y aumentará la incidencia de plagas y enfermedades; también se observará la reducción de las precipitaciones anuales, sin embargo, las lluvias se concentrarán en periodos más breves, lo que impedirá la infiltración de agua hacia las napas subterráneas, al escurrir más rápido en la superficie. Ello contribuirá a la degradación de suelos, disminuirá la disponibilidad de agua para la agricultura y afectará ecosistemas sensibles. 

A nivel país, a partir de 2013 se definieron una serie de medidas que están contenidas en el Plan de Adaptación Nacional al Cambio Climático, y que buscan dar respuesta a la urgencia de adaptarse a los cambios, puesto que no hacerlo puede significar el fin de la agricultura como hoy se conoce. 

Entre las principales medidas de este plan destacan la planificación y gestión del uso del agua, el fomento a la gestión eficiente del riego, adecuar la institucionalidad para cubrir los riesgos frente a eventos climáticos adversos, adoptar los sistemas de alerta y control de plagas y enfermedades, potenciar los programas de recuperación de suelos, desarrollar indicadores de productividad y sustentabilidad, generar información sobre requerimientos hídricos, mejorar la capacitación de los agricultores y facilitar el acceso a financiamiento para implementar los cambios y potenciar la investigación para el desarrollo de nuevas variedades y especies resistentes al estrés hídrico y a las altas temperaturas, así como también para la innovación en sistemas de riego y cultivo. 

A lo anterior también se suman otras medidas impulsadas por el Gobierno y que dicen relación con aumentar la infraestructura de riego y acumulación de agua, lo que se ha traducido en un aumento de los recursos para proyectos de riego y construcción de embalses. 

Este esfuerzo y esta planificación, no obstante, será inútil si no existe el compromiso de todos los actores por implementar las medidas en las que les cabe responsabilidad, lo que requerirá de fuertes inversiones por parte del sector público en muchos casos, pero también del sector privado. En ese sentido, la lentitud que se observa en algunas áreas parece responder a la visión cortoplacista que caracteriza a la actividad, pero también a cierta incredulidad respecto de los riesgos que se enfrentan. En ese sentido, en la medida que exista más información, la agricultura podrá sortear de mejor manera el mayor cambio de su historia.