Expertos analizan cómo manejan los chillanejos

Cada día, la Patrulla del Tránsito de la 2ª Comisaría de Carabineros de Chillán, atiende alrededor de 30 llamados por mal estacionamiento, entre sus tres turnos. El capitán Christian Morales, revela que por cada procedimiento, la patrulla ocupa alrededor de 25 minutos, es decir, doce horas y media diarias, en atender solamente este tipo de denuncias.

El cálculo grafica en parte las consecuencias que tiene ser mal conductor en la comuna, de acuerdo a Morales. “Las faltas más comunes en Chillán son por estacionamiento y no respetar señales del tránsito, como discos pare, ceda el paso y los semáforos”, puntualiza. “La gente aún cree que la luz amarilla es para acelerar y pasar rapidito, eso no, la amarilla es para avisar que viene la roja, entonces uno debe detenerse”, enfatiza.

Sanciones leves
Según Morales, “las infracciones al tránsito, a diferencia de otros países, aquí no significan una infracción, o sea, es pagar una platita nomás, en países como Estados Unidos, las infracciones al tránsito se pagan con cárcel”, ejemplifica. “Creo que las penas o multas están demasiado bajas, las consecuencias son muy escasas, no molestan más allá del bolsillo”, considera.

“Tenemos como idiosincrasia chillaneja, el mal carácter como conductores. Yo he trabajado en seis ciudades y eso se destaca mucho acá, conductor molesto”, describe. “Sería ideal que no aumentaran las infracciones, que bajara todo, que se respetaran las normas, pero el aumento en las infracciones disminuyó la cantidad de accidentes de tránsito en la comuna”, reveló.

Educación y práctica
Patricio Reddersen, profesor de Autoescuela Stop, explica que “el Ministerio de Transportes establece que con 12 clases prácticas de 45 minutos cada una, el alumno llegue a un nivel deseado (...) Considero que nadie en 12 clases aprende completamente a conducir, con la responsabilidad mínima , pero aumentar las clases subiría el costo del curso de conducir y entonces ya quedaría fuera del alcance económico de las personas de nivel socioeconómico más vulnerable, ahí es donde se rompe el balance”.

“Nueve de cada diez conductores en Chile son violentos, las personas se transforman detrás del volante, no tienen empatía”, concluye. “En Chile no se toma test psicológico para entregar una licencia de conducir, ni siquiera la profesional”, añade.

Desde la Dirección del Tránsito señalan que “la mala conducción no solo es una condición para Chillán, sino más bien en una condición generalizada en nuestro país”, y se debe a que “no existe una condición obligatoria para que un futuro conductor realice un curso formal para estudiar y luego optar a la licencia de conducir. Coinciden en que hay falta de educación cívica  y vial en general, desde la educación formal.

Gabriela Rosende, secretaria ejecutiva de Conaset, afirma que “la imprudencia del conductor es la segunda causa de fallecidos en accidentes de tránsito en el país, hoy hay mucha presencia de las distracciones al volante, sobre todo, imprudencias asociadas al uso del teléfono celular”.

“El conductor tiene que entender que no tiene un rol único en la vía, sino que también es peatón, ciclista o pasajero, y cuando se logra empatizar con los otros roles hay una mejor conducta en el tránsito y eso nos falta, la empatía entre los diferentes usuarios”, concluye Rosende.