[Editorial] Embalse Chillán

Recientemente, el director regional de Obras Hidráulicas, Rinaldo Marisio, afirmó a LA DISCUSIÓN, que el embalse Chillán podría comenzar a construirse recién en el año 2023. Según el funcionario, el Chillán ocupa el tercer lugar en la priorización de embalses hecha por el MOP en Ñuble, después de La Punilla y Zapallar. “El Chillán debería estar con su ingeniería licitándose alrededor del año 2020, más o menos cuando esté terminándose el Zapallar (…) y la ejecución de obras, el año 2023”, anticipó.

El embalse Chillán, conocido antes como La Esperanza, es uno de los tres principales proyectos de riego en la futura región, el cual se emplazará en el sector Pellines, en la comuna de Pinto, y se estima que dará seguridad de riego a unas 30 mil hectáreas en Pinto, Coihueco, Chillán y Chillán Viejo, lo que según la Junta de Vigilancia del Río Chillán, permitirá triplicar la producción en la zona y diversificar los cultivos, principalmente hortalizas y frutales.

Esta iniciativa ya superó una de las principales vallas, que fue el estudio de prefactibilidad que realizó la Comisión Nacional de Riego, y que según el informe entregado en 2015, arrojó rentabilidades positivas en lo económico y social.

Es más, luego que el año pasado Endesa renunciara a sus derechos de aprovechamiento de agua en la zona a inundar, la CNR estimó que la rentabilidad del proyecto será superior, lo que se esperaba que pudiera allanar su camino a la concreción.

Pero lamentablemente, esta iniciativa no parece ser prioritaria para las autoridades en Concepción y menos para el Ministerio, en Santiago, pues la carpeta duerme en las oficinas de la Dirección de Obras Hidráulicas esperando que se puedan licitar los estudios de ingeniería de detalle, algo que a la luz de las afirmaciones de Marisio, no ocurrirá en el corto plazo, “por un tema de recursos”, tanto financieros como humanos.

Este argumento, sin embargo, es rechazado por los regantes, de hecho, en opinión de Martín Arrau, dirigente de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble y de la Sociedad Nacional de Agricultura, no es un problema de falta de recursos, sino de gestión, pues explicó que existen distintas fuentes para financiar los cerca de US$319 millones que demandará su construcción.

Según Arrau, “el Fisco podría concesionarlo y que el concesionario se cobre en el largo plazo, como es el modelo de Punilla; o podría tomar deuda internacional de largo plazo, la cual abunda para proyectos sociales y de mitigación de cambio climático y recuperar el pago de este crédito a partir de la mayor recaudación tributaria producto de la generación de riqueza fruto del aumento de riego”.

Todo indica que la falta de gestión, la escasa importancia que tiene Ñuble para las autoridades nacionales y la mirada ideologizada del Gobierno que no ve con buenos ojos el modelo de concesiones, son los verdaderos obstáculos para que el embalse Chillán avance con celeridad y que así la zona pueda enfrentar de mejor forma la escasez hídrica y el desafío de aumentar la producción de alimentos. Por ello, es de esperar que esa falta de voluntad política no se observe también en los parlamentarios locales, quienes tendrán la oportunidad de defender este proyecto en la discusión de la Ley de Presupuesto en septiembre próximo.